Prólogo

Hay muchos métodos legítimos para investigar los fenómenos sexuales. Así, G. V. Hamüton (A Research in Marriage) y Alfred C. Kinsey (Sexual Behavipr in the Human Male) han empleado el interrogatorio técnico directo para obtener importantes datos sexuales. Katharine B. Davis (Factors in Sex Life of 2,200 Women), Lewis M. Terman (Psychological Factors in Marital Happiness), y el autor de estas líneas (A Study of Human Love Relationships y otros escritos) han utilizado los interrogatorios anónimos. Bronislaw Malinowski (The Sexual Life of Savages) y Margaret Mead (From the South Seas) han hecho investigaciones antropológicas acerca del sexo. Richard von Krafft-Ebing (Psychopathia Sexualis) y Magnus Hirschfeid (Sexual Pathology) han realizado estudios médicos sobre la sexualidad. Sigmund Freud (Basic Writings) y Wüheim Stekel (Sexual Aberrations) han empleado técnicas psicoanalíticas de estudio. Frank Beach (Hormones and Behavior) ha dedicado tiempo y esfuerzo considerables al estudio fisiológico experimental del sexo. Mario Praz (The Romantic Agony) y quien esto escribe (The Folklore of Sex) han analizado obras literarias y otros materiales para explorar y descifrar las actitudes sexuales humanas. Un método de investigación sexual que ha sido poco empleado relativamente, excepto en obras de ficción, es el de la exploración y apreciación subjetiva y de primera mano de la propia conducta y actitudes sexuales del escritor, y las de sus copartícipes. Havelock EUis hizo uso de esta técnica cuando observó su propia actividad sexual —particularmente sus emisiones nocturnas— y consignó anónimamente esa actividad en uno de los volúmenes de sus Studies in the Psychology of Sex. También Freud empleó este método de autoestudio cuando presenta, de una manera abierta o enmascarada, muchos de sus propios sueños y de su material autoanalítico en el curso de sus escritos sobre psicoanálisis. Pero la recolección de datos sexuales humanos por medio de la observación objetiva y subjetiva del investigador sobre su propia conducta sexual y la de sus copartícipes, y de la exposición franca y plena de sus observaciones en una obra que no sea de ficción o invención literaria, ha sido una técnica raramente empleada.
Por fortuna para el lector corriente de este libro así como para los estudiosos de la sexualidad humana en particular.
El homosexual en Norteamérica es un excelente ejemplo de lo que puede ganarse mediante el estudio subjetivo de los problemas de la conducta sexual. Al escribir con sorprendente franqueza y al basar su material sobre sus propias experiencias sexuales y sobre las de sus compañeros, Mr. Cory nos ha dado un documento muy notable. En los límites de un solo volumen, ha conseguido plenamente consignar sus propios sentimientos acerca de la homosexualidad; los de otros muchos homosexuales típicos y no típicos, y los de los heterosexuales con relación a los homosexuales del presente. Además, sin pretender ser exhaustivo en cuanto a estadística ni en cuanto a hechos, Mr. Cory nos proporciona una gran masa de material sobre los homosexuales norteamericanos, y explora inteligentemente muchos de los más importantes problemas sociológicos, psicológicos, culturales, religiosos y de otras clases que actualmente existen en relación con la homosexualidad. Muchas de las ideas que expone en su libro son originales y sugestivas, y todas merecen seria consideración. Yo no puedo, naturalmente, estar de acuerdo con todas las opiniones de Mr. Cory tal como aparecen expuestas en El homosexual en Norteamérica. Así como él —y lo reconoce francamente— está influido por sus predilecciones homosexuales, yo a mi vez estoy influido por mis predilecciones heterosexuales. Por tanto, no puedo estar conforme con las ventajas sociales, políticas, individuales o de cualquier otro género que Mr. Cory pide para la homosexualidad. Además, como psicoterapeuta de orientación psicoanalítica, debo oponerme también al pesimismo de Mr. Cory en lo que se refiere a la posibilidad de conducir a los homosexuales a un modo de vida más heterosexual. Como científico que tiene una misión social, hubiera yo preferido ver a Mr. Cory acentuar con más energía las contradicciones psicosociales que nacen de los intentos del homosexual para combatir las persecuciones de la sociedad heterosexual y al mismo tiempo para subscribir y aprobar las actitudes puritanas y antiindividualistas de esa sociedad en que están enraizadas aquellas persecuciones. Como sexólogo, me hallo en dará disconformidad con algunas de las opiniones, expresas o implícitas, de Mr. Cory acerca de la natural inherencia e inexorabilidad de los impulsos homosexuales, una vez que esos impulsos han despertado. Y como psicólogo, querría que Mr. Cory hubiera señalado con más vigor la multiplicidad de las causas de la homosexualidad. Pero este libro no es mío, sino de Mr. Cory, y es inevitable que éste se incline a sus opiniones necesariamente parciales acerca de la homosexualidad, como yo me inclino a las mías. Permítaseme añadir que, considerando su sincera adhesión a las predisposiciones homosexuales, sus parcialidades son notablemente pocas, y que su aptitud para aceptar las opiniones científicas modernas sobre las relaciones homosexuales es inusitadamente elevada.
Comntar todas las excelencias de
El homosexual en Norteamérica exigiría hacer un sumario detallado de todo el libro, y no es tal el objeto de esta introducción. Baste decir que la obra de Mr. Cory es notable por su bien justificada acusación contra las pacatas y sádicas persecuciones de que los heterosexuales hacen objeto a los homosexuales; por su aceptación de las modernas ideas psicoanalíticas, al mismo tiempo que resiste a la tentación de engolfarse en un simbolismo ultraanalítico; por su insistencia sobre los problemas que plantean otras minorías, y no sólo las homosexuales; por su aceptación de las causas ambientales de la homosexualidad; por su inteligente y amplia erudición, y sobre todo por su perspicacia para estudiar sus propias limitaciones y desviaciones. En suma. El homosexual en Norteamérica es con mucho la mejor descripción no literaria o novelesca del homosexual norteamericano que hasta hoy se ha publicado. Deben leerlo todos los invertidos y todos los que deseen comprender dará y plenamente la cuestión de la homosexualidad. Es una obra francamente sería, sincera, perspicaz y patética. Aun quienes se hallen en más violento desacuerdo con sus opiniones, la encontrarán sugestiva y digna de ser leída.

ALBEKT ELLIS
Junio de 1951


El homosexual en Norteamérica Donal Webster Cory. Compañía General de Ediciones S.A. México (1951)


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