El Renacimiento

LOS GRANDES ARTISTAS DEL RENACIMIENTO

La caída del Imperio Romano.—La actitud de los
filósofos.—Comprensión del cristianismo.—Inver-
sión en la Edad Media.—Persecuciones contra tes
sodomitas.—El Obispo de Orleáns,—El estudio de
la antigüedad.—Influencia de la literatura.—Inver-
sión y epidemia.—Leonardo de Vinci.—Miguel
Ángel.- -Sus amores con Tomaso de Cavalieri.—
Los ingleses.—Shakespeare y Byron.—La homose-
xualidad de Winckelmann.—El «amor viril» de
Whitman .

Con la caída del Imperio romano las costumbres empezaron a en-
cauzarse por derroteros más sensatos. En este aspecto no hay posi-
bilidad de negar la grandiosa influencia del cristianismo, cuyos após-
toles lograron poner de manifiesto las grandes diferencias existente-
entre la doctrina pagana, plena de corrupciones, y las nuevas teo-
rías, llenas de sabios, principios higiénicos para el desarrollo de las
ideas del alma sobre una base más sensata y positiva.
La corrupción de Roma, lógico es suponerlo, no había envenenado
por igual a todos los súbditos del decadente Imperio de los Césares;
lejos de esto, en todas las épocas hubo verdaderos moralistas, que,
aunque abrazaban el paganismo como religión oficial, no por eso se
mostraban, conformes con todas las prácticas, especialmente aquellas
que se referían a la función de los sexos, ya que estos pensadores
no dejaban de comprender que los usos, de que daban el peor ejem-
plo los directores del pueblo, contribuían a deshacer la familia, im-
pidiendo el desarrollo de los sentimientos espirituales, que siempre
progresaron al calor de los ideales de la castidad.
Por eso, los propagandistas cristianos se encontraron con una
masa de opinión francamente dispuesta a apoyar y extender las nue-
vas doctrinas. ya que sus principios se basaban, fundamentalmente, en
las mismas ideas y leyes morales que nacieron y crecieron gracias
al abono fecundo de las inmoralidades repugnantes de paganismo;
fue una reacción naturalísima, que experimentaron principalmente los
hombres de genio, los filósofos y pensadores cultos de más eleva-
da mentalidad, que, por esta razón, estaban en las mejores condicio-
nes para comprender cuánto de bueno predicaban los ascetas cristia-
nos, en contraste con la disolución que precipitó el derrumbamiento
del Imperio.
El cristianismo fue bastante comprensivo, en lo que se refiere
a la verdadera homosexualidad, y si no fue comprensivo, al menos
se manifestó bastante tolerante, sobre todo en los principios de la
implantación de su doctrina por toda Europa. Las Sagas y leyes de
la antigua Escandinavia del Norte revelan que la homosexualidad
era conocida de muy antiguo en el país. Los invertidos de tipo
femenino tenían que soportar los mayores desprecios y vejaciones,
negándoseles las más elementales consideraciones que merecen los
seres humanos. Gracias a la intrusión del cristianismo, la suerte
de estos desdichados se modificó bastante, pues la nueva religión
permitió a los individuos de este temperamento entrar a formar
parte de las comunidades religiosas, convirtiéndose en sacerdotes o
frailes, que tenían la misión de divulgar la doctrina entre las gentes
adeptas a la religión antigua.
De los invertidos Célebres de la Edad Media es muy poco lo
que se ha llegado a saber, sin duda porque la influencia del cris-
tianismo dictó normas muy severas para la represión de esas ma-
nifestaciones. Diodoro de Sicilia cita a varios personajes, galos e
italianos, que tuvieron aficiones homosexuales; pero no se extiende
en el estudio de los casos. Desde el siglo X hasta el XIII, los búl-
garos propagaron por toda Europa usos y costumbres "francamente
antinaturales", como dice un historiador. Estos vicios debieron alcan-
zar gran desarrollo, especialmente en el Languédoc, hasta el punto
de que Felipe-Augusto se vio obligado a enviar a su hijo entre los
albigenses "para destruir la herejía de los hijos del país".
Muchos personajes que habían marchado a las Cruzadas, vivien-
do durante mucho tiempo sin mujeres, parece ser que dieron en las
costumbres que veían practicar a los soldados; Mantegazza dice que
muchos jefes de los cruzados practicaron la homosexualidad, cuyo
vicio se extendió en Francia coincidiendo con el regreso de aque-
llos luchadores. Felipe el Bello se mostró indignado ante el escan-
daloso desarrollo del amor entre hombres, y bajo su reinado tuvo
lugar el célebre proceso de los Templarios, contra los cuales se lan-
zaron graves acusaciones de vicios contra la naturaleza. En este
asunto jugó la política un importante papel. Ordéricus Vitalis re-
fiere que el número de sodomitas era bastante grande en Inglaterra.
El Concilio celebrado en Londres, en el año 1102, adoptó las más
severas medidas contra los invertidos; pero no puede decirse que se
lograra reprimir el desarrollo de aquellas costumbres depravadas de
los personajes más célebres de la época. En París también tuvo lugar
un Concilio, en 1212, y otro en Rúan, en 1224; en ambos se ful-
minó contra los Invertidos, considerando como tales incluso a los
que se oponían al desenvolvimiento intelectual de la mujer y muy
particularmente a aquellos que desatendían las excitaciones que des-
de las casas públicas les dirigían las prostitutas. Muchas notabili-
dades que jamás tuvieron el menor trato con esas mujeres fueron
señalados como invertidos por el absurdo criterio de los reformadores.
Mucha debió ser la extensión del vicio cuando la reacción se
operó de una manera tan enérgica;n o se salvaron de la condena-
ción popular muy respetables doctores de la Iglesia, y el miedo al
pecado herético fue tanto, que los hombres procuraban no confesarse
dos veces seguidas con el mismo pastor de almas para no incurrir en
pecados más graves que aquellos para los que demandaban perdón.
La heterosexualidad era tan alabada en las postrimerías del si-
glo XII que, para combatir la homosexualidad, "veneno de la pes-
te", se hacía la vista gorda, como vulgarmente se dice, cuando un
hombre se entendía con varias concubinas, diciéndose de él que tenía
costumbres ejemplares. Más valía la intimidad con diez mujeres que
la simple amistad con un hombre. Se llegó, como vemos, a los lí-


Invertidos célebres A. Martín de Lucenay. Editorial Fenix 1933. (90 páginas)

mites de la máxima ridiculez.
Por aquella época hubo un obispo de Orleáns, llamado Juan, el
cual mostraba las mismas tendencias que Heliogábalo. Se hizo llamar
Flora por sus favoritos, invertidos y pervertidos, de los que exigía
que en las fiestas entonasen himnos y cánticos de alabanza en honor
de sus dotes. Esta genialidad del obispo no fue tomada a mal por
sus fieles hasta que aquellas fiestas empezaron a celebrarse con cier-
ta intimidad, a lo que se opusieron con energía las autoridades su-
periores de la iglesia.
Casi toda la Edad Media se caracterizó por una lucha enconada
contra la sexualidad en todas sus manifestaciones, ya fueran nor-
males o anormales. El desarrollo de las doctrinas ascéticas no se
operó por igual ni con la misma facilidad en las distintas capas so-
ciales,- o, por mejor decir, -en las diferentes esferas de la intelectua-
lidad. Los más cultos e inteligentes, casi todos gente de letras, hacían
caso omiso de las prescripciones teológicas en virtud de su ateísmo,
mientras que los incultos, sometidos por entero a la autoridad ecle-
siástica, colaboraban con este poder en la persecución de los in-
vertidos, que pagaron con la vida sus inclinaciones.
Entramos en la Edad Moderna, y frente a las leyes restricti-
vas se levanta el contraste vigoroso del Renacimieno italiano, que
empieza a desarrollar sus teorías en el siglo XV. La época se carac-
teriza por la independencia intelectual de los filósofos, escritores,
pintores, escultores y toda clase de artistas, que evocan con entu-
siasmos los tiempos de Grecia y Roma. Entre estos entusiastas par-
tidarios del esplendor de las épocas muertas se tiende a resucitar el
pasado en todas sus manifestaciones; la influencia del clasicismo per-
mitió a muchos hombres célebres libertarse del yugo moral impuesto
por las doctrinas ascéticas, y entonces es cuando aparecen muchos
invertidos célebres, que no habían tenido más remedio, por instinto
de conservación, que ocultar sus tendencias, francamente opuestas al
amor normal.
No obstante, no es posible creer que todos los que trataron de
imitar a los discípulos de Sócrates obedeciesen al impulso de unas
tendencias naturales, sino que, como en Grecia, lo artificial entró
en una gran parte en la formación de tales mentalidades. Unos eran
invertidos auténticos que sé vieron obligados a contener sus inclina-
ciones; pero no cabe duda que la gran mayoría no hicieron más que
copiar lo que veían como una forma de emulación de aquellas cele-
bridades, que, en el Renacimiento, como en todos los tiempos, han
gozado siempre de la envidia de las mentalidades inferiores.
Ellis aclara lo que pudiera aparecérsenos como una nebulosa en
la verificación de éste fenómeno, cuando dice; "Es digno de ob-
servarse que la inversión sexual va con frecuencia asociada con el
estudio de la antigüedad clásica. No debe, sin embargo, deducirse
de esta circunstancia que tales estudios sugieran la inversión, y que,
por tanto, ésta disminuiría suprimiendo el estudio de la literatura
y el arte griego. Lo que realmente ha sucedido es que el estudio de
la antigüedad griega tiene para el invertido congénito particular
atractivo, porque en él encuentra la explicación y la apoteosis de
sus propios oscuros impulsos. Es indudable que ese estudio tiende a
fomentarles"
Esta sencilla afirmación del célebre psicólogo encierra una ver-
dad indiscutible. No obstante, cuando dice que el solo estudio de la
antigüedad griega no determina la inversión sexual, a no ser que se
trate de un predispuesto congénito, pudieran oponérsele ejemplos en
los que los diálogos socráticos y las narraciones de muchos autores
griegos fueron bastante para determinar en sujetos impresionables
y completamente heterosexuales cierta curiosidad por conocer esas
emociones espirituales tan alabadas, surgiendo a continuación todo
lo demás, hasta llegar a la perversión completa. En la autobiografía
de un célebre homosexual argentino se lee este párrafo elocuentí-
simo; "En El banquete de Platón, descubrí un nuevo manjar que
siempre me había repugnado; pero tanto me lo alabaron, que terminé
por probarlo. Platón y Teócrito han hecho por el amor de la Huma-
nidad mucho más que puedan hacer los modernos sexólogos."
Claro es que tampoco creo qué la sola lectura de toda esa lite-
ratura, que exalta el amor entre hombres, ejerza en todos los tem-
peramentos la misma influencia, y aun hay muchos de elevada men-
talidad y de extraordinaria cultura que, pese a toda la belleza litera-
ria de esas narraciones, a su sabor clásico y a la profunda espiritua-
lidad que palpita en su fondo no han podido contener un gesto o
una frase de sincera repugnancia, que brotaban espontáneamente del
impulso y la conciencia con energía bastante para sobreponerse al
convencionalismo intelectual. La inversión adopta algunas veces las
mismas formas que ciertas epidemias, y sólo se ven atacados por el
morbo los espíritus que carecen de defensas adecuadas contra el mal,
por lo que no es equivocado afirmar que muchas homosexualidades
son tan naturales como los trastornos orgánicos producidos por esas
infecciones.
Hablando de los hombres de genio del Renacimiento, no es posi-
ble definir en ellos exactamente la verdadera naturaleza de sus in-
clinaciones y prácticas homosexuales. En aquella época, más que en
la presente, ya existían muchas tradiciones y leyes éticas, que ha-
bían dominado a las primitivas griegas, oponiéndose a las manifesta-
ciones de la pasión homosexual. Lo mismo que no disponemos de
fuentes de información adecuadas para poder asegurar que la homo-
sexualidad fuese en Grecia una perversión congénita, tampoco es po-
sible admitir que los hombres del Renacimiento, quienes se esforza-
ban por imitar a los griegos, fuesen invertidos en tal proporción que
casi todos los artistas, especialmente literatos, pintores y escultores,
se nos ofrecen en sus obras como invertidos entusiastas.
En el Renacimiento lo mismo que en Greda, era moda ser in-
vertido; los renacentistas llevaban la homosexualidad lo mismo que
los bohemios de hace medio siglo se tocaban con chambergo y chalina;
era un distintivo o un uniforme que seguramente no simbolizaría en
muchos casos ni la capacidad ni la tendencia del sujeto. Un autor
dice a este respecto que "en algunos casos, el impulso era indudable-
mente orgánico y pudiera ser que existiera entre los griegos una pre-
disposición homosexual orgánica racial, o, cuando menos, entre los
dóricos; pero el sentimiento social, dominante, cualquiera que fuese
su origen, indujo a la mayoría de las gentes a adoptar la homosexua-
lidad como una especie de moda, de suerte que, en un número de-
terminado de homosexuales, existirían en la Grecia antigua menos ron-
génitos de los que actualmente existen entre nosotros". Pero aún
pudiera añadirse que una gran parte de los invertidos actuales más
célebres, como, por ejemplo, el Corydon, de Gide, parecen ser la suma
de la predisposición congénita y de la influencia griega, y que, en in-
finidad de casos, esa influencia lo es todo.
Los primeros casos notables de homosexualidad empiezan a re-
gistrarse en Florencia, en los comienzos del siglo XV, hasta el
punto de que la pederastia llega a denominarse "vicio florentino".
Uno de los más célebres artistas de la época, Leonardo de Vinci,
natural de dicha ciudad, fue acusado de practicar actos sexuales
contra Natura con un joven. El suceso llegó hasta los Tribunales,
pero la causa fue sobreseída en vista de la personalidad del acu-
sado.
En las concepciones escultóricas y pictóricas del gran maestro se
nota una mezcla de bisexualidad que es el reflejo exacto de su
temperamento. Una de sus obras pictóricas más notables es el re-
trato de Mona Lisa, o sea la célebre Gioconda.
También nació en Florencia otra celebridad: MÍguel-Angel, es-
cultor, pintor, arquitecto y poeta y uno de los más excelsos artistas
del Renacimiento. La inversión de Miguel Ángel, que fue negada
por muchos de sus biógrafos admiradores, es un hecho que no
deja lugar a dudas, pues, no sólo en sus trabajos pictóricos y es-
cultóricos se advierte tal inclinación, sino que sus poesías y cartas
lo demuestran de una manera que no deja lugar a dudas.
La celebridad de Miguel Ángel era justamente reconocida por
sus contemporáneos. El papa Julio II le hizo ir a Roma. donde
fue recibido con grandes honores por el pontífice, y hay biógrafos
que aseguran que en aquella entrevista no sólo se habló del arte,
sino de las peculiaridades de los clásicos griegos.
No obstante, en la vida sexual de Miguel-Ángel hay ciertos
misterios que no se han llegado a desentrañar; por lo menos, lo
que se refiere al método de satisfacción sexual, ya que si es cierto
que jamás se le conocieron relaciones con mujeres, ni sus mismos
enemigos, que fueron muchos, lograron hacerle cargos en este sen-
tido. Se sabe, sí, que era muy sensible a la belleza masculina y que
sus amistades con hombres fueron muy tiernas y entusiásticas, a
pesar de lo cual nadie ha podido asegurar que le conociera relacio-
nes físicas homosexuales.
Un joven florentino, llamado Tomaso de Cavalieri, que, según
Grim, "era noble y extraordinariamente bello", había sometido por
entero a su voluntad al inmortal artista, como queda demostrado
por la siguiente poesía, dedicada a él por Miguel Ángel:

Mis ojos no ven, me encuentro ciego;
y al caminar contigo al mismo paso,
el fardo que me aplasta siempre, me parece ligero.
Llevado por tus alas vuelo contigo hasta el cielo.
Como tu quieres, vivo; intrépido o cobarde,
con frío al sol y calor en los días de invierno.
En tu voluntad reposa la mía;
en tu corazón nacen mis pensamientos,
y en tu espíritu encuentro un manantial de palabras.
Es así como yo me parezco a la lupa,
que no vemos en el azul del cielo,
sino cuando el sol la ilumina con sus rayos de fuego.

Esté temperamento, claramente bisexual, no fue advertido por
aquellas gentes, ya que para ellas no tenía importancia la homo-
sexualidad, sino exclusivamente la sodomía. Un hombre podía de-
dicar todo su amor espiritual a otro hombre sin que sus coetáneos
se alarmasen lo más mínimo ni se permitiesen hacer el menor juicio
ofensivo: importaba mucho más la forma que el fondo de las cues-
tiones, porque hasta en eso parece que se había infiltrado en el
alma renacentista la influencia de la Grecia antigua.
Las obras escultóricas de Miguel-Ángel son una magnífica exal-
tación de la forma y la belleza masculinas, mientras que, tratán-
dose de mujeres, sin renunciar por entero a las reglas de su arte, pa-
rece que olvida muchas de las características esenciales que deter-
minan la atracción que sobre el hombre ejerce el sexo femenino.
Toda la melancolía y el misterio de que aparecen rodeadas las
obras del magnífico artista, no son más que la expresión de su
temperamento de hermafrodita psicosexual, que no podía ser anu-
lado ni reducido siquiera, porque resultaba ser el verdadero marcha-
mo de su personalidad.
En las reproducciones masculinas, la forma y el músculo adquie-
ren una potencia extraña, que se aparta de la realidad anatómica
para dar paso a una sensación de fortaleza y de carácter de viri-
lidad extraordinaria, qué contrastan rudamente con la personalidad
física y espiritual del artista. Ignoramos si en la realidad de su vida
llegarían a figurar ésos tipos, que-indudablemente constituían su
ideal estético y su concepto ancestral de la belleza; pero no cabe
duda que, en la modelación de aquellos trazos, paso toda su alma.
Otro contemporáneo de Miguel-Ángel, y gran, admirador suyo,
fue el pintor Bazzi. De éste ya se puede deducir la homosexualidad
práctica, puesto que se le conoció por el nombre de Sodoma, Un
biógrafo dice que, a pesar de esto, se casó y tuvo descendencia, por
lo que puede considerársele como un auténtico hermafrodita psico-
sexual. "Era—dice—un gran artista, a quien se ha tratado injusta-
mente, debido, en parte, quizá al prejuicio de Vasari—cuya Adm.-
ración por Miguel-Ángel rayó en adoración, pero que menospreció
a Sodoma, a quien siempre escatimó el elogio—y también porque
su labor es poco conocida fuera de Italia, y aun poco accesible en
esa nación. Aturdido, desequilibrado, excéntrico en su manera de
vivir, era Sodoma, a juzgar por un interesante retrato del Palacio
Pitti, un neurótico pictórico de energía nerviosa y de temperamento
profundamente melancólico. En su pintura se observa una blandura
y un calor peculiarmente femenino y muy marcado y tierno senti-
miento, escasamente viril, por la belleza masculina
El Tiziano fue injustamente acusado de pederastia por algunos
de sus enemigos. Para convencerse de la inexactitud de tales acu-
saciones no es preciso más que observar cualquiera de sus famosas
obras, en las que su amor a la mujer aparece bien claro en la forma
de tratar los asuntos, en los que no falta un detalle de su claro
concepto de la belleza femenina, sexualmente atractiva.
Donde más extendida estuvo la sodomía en todas sus formas no
cabe duda que fue en Italia, cuna del renacentismo. No obstante, los
países flamencos también conocieron bastantes casos de la misma
naturaleza. En Bruselas tuvo lugar el proceso del famoso escultor
Duquesnoy, el cual fue sorprendido cuando cometía un acto de
sodomía con un joven en una capilla de la Catedral de Gante, en
la que se encontraba ejecutando un monumento que se erigió al
obispo. Duquesnoy fue estrangulado y quemado su cadáver, pese a
las influencias que mediaron en el asunto, entre las que no faltó
la del mismo obispo; esto ocurría en el siglo XVII.
Otros pintores y escultores de la época incurrieron en la misma
debilidad, que no sabemos si era congéníta o adquirida; por toda
Europa se hubiera podido encontrar casos numerosos de ambas
desviaciones, si bien hoy resulta difícil un análisis retrospectivo, en
virtud de que, para que la homosexualidad se apreciase, parecía
precisa la existencia de la pederastia.
Si Italia se distinguió en este aspecto, Inglaterra no se quedó
atrás. Se dice que Shakespeare y Lord Byron sostuvieron una amis-
tad muy estrecha y apasionada. El primero dedicó varios sonetos a
un amigo joven, que se cree pudiera ser el duque de Southampton,
versos que revelan claramente su naturaleza amorosa. Uno de ellos,
que no es soneto, dice así:

¡Tienes figura de mujer, que la Naturaleza
Ha pintado ella misma, amante, enamorada de mi amor!
Un corazón de mujer, pero sin rastros
de caprichos y cambios femeninos en tus deseos.
Hombre y mujer deben admirarte,
pues reúnes el encanto y la potencia de los dos.
Estabas destinado a ser mujer. Pero la Naturaleza,
enamorada ella misma de tí,
te ha dado de más lo que lleva mi esperanza hacia tí,
y que me es tan inútil;
Y, pues, te ha inculcado miedo por el amor femenino,
conságrame tu corazón y sigue tus inclinaciones.

Sus apologistas dicen que, a pesar de esto, esos versos no im-
plican ninguna relación vergonzosa o que pudiera ser considerada
como tal, y que representan un episodio único en la vida de un
hombre de naturaleza muy sensible y complicada. Realmente, aun-
que Shakespeare tuvo varios amigos, de los que se sabía que eran
pederastas, como Francisco Bacon, no existen pruebas para poder
asegurar que llegó a practicar el amor unisexual.
De Lord Byron se dice que muchos de sus sonetos dedicados
a mujeres fueron en realidad inspirados por hombres amigos su-
yos, por los que en realidad sintió un intenso y apasionado afecto.
Confiesa en una de sus obras que sus amistades de la escuela lle-
garon a constituir las más fuertes pasiones que experimentó en la
existencia. Refiere que, hallándose en viaje por Italia, se encontró
con Lord Clare, un antiguo compañero de colegio y amigo pre-
dilecto de la infancia, y, al verle, "me sentí penosamente agitado, y
cada vez quería pronunciar su nombre, mi corazón latía violenta-
mente". Cuando tenía veintidós años entabló amistad con un joven,
con el que mantuvo, relaciones durante doce años, dejándole al mo-
rir, una gran fortuna. Lord Byron murió a los treinta y seis años,
en 1824.
El poeta Ricardo Barnfield escandalizó a, la sociedad de su épo-
ca con los apasionados poemas que dedicó a sus amigos, los cuales
no dejaban lugar a dudas respecto a las inclinaciones sexuales de
su autor, hombre adinerado, que escribía por amor a la literatura
y a los amigos de que llegó a rodearse.
Por el mismo tiempo dio mucho que hablar el célebre poeta
Marlowe, cuyo mejor drama, "Eduardo II", se refería esencialmente
a las relaciones amorosas que el rey tenía con sus favoritos. Ellis
dice, refiriéndose a este hombre, lo siguiente: "Un ignorante espía
le acusó por supuestos actos criminales y por menospreciar a quie-
nes no amaban a los jóvenes. Aun teniendo en cuenta la bajeza
del espía, no parece verosímil que sus acusaciones fuesen mera in-
vención. Además, aun cuando Marlowe no desconoció la belleza
de la mujer, se descubre también en su obra una sensibilidad pecu-
liar en la apreciación de la belleza masculina. Es evidente que sen-
tía irreflexiva delicia en la comisión de todo acto ilícito, y probable-
mente pudiera considerársele como hermafrodita psicoséxual."
Según Raffalowitch, en la vida de Goethe, Montaigne, Alfieri,
Casanova y otros grandes hombres, aparecen muchos episodios ho-
mosexuales. .
Como casos verdaderamente escandalosos, se citan los de Lord
Audiey, Fritzpatrick y Brodway, ocurridos los tres en Inglaterra, en
el año de 1631. Lord Audiey fue acusado de haber hecho violar a
su mujer por uno de sus favoritos y de haber cometido, actos de
sodomía, amén de otros hechos terribles, de los que nos ocuparemos
en el volumen XL, titulado Los extravíos de los magnates.
Bloch, que es alemán, dice que también la civilización alemana
tuvo un período en el que las inclinaciones bisexuales de los dos
sexos se manifestaron muy ostensiblemente, "sin conducir siem-
pre, por cierto, a la practica física de la homosexualidad. Esta


El amor griego La influencia del caso Oscar Wilde sobre la mentalidad de los homosexuales fue tal, que se llegó incluso al extremo de idealizar al amigo del escritor, encarnación del efebo.

época tan notable—añade—fue la de las postrimerías del siglo XVIII
y los comienzos del XIX."
El más caracterizado de los homosexuales alemanes de aquella
época fue el célebre arqueólogo y literato Juan Joaquín Winkel-
mann, iniciador del nuevo Renacimiento griego y del concepto mo-
derno del arte antiguo, a cuyo estudio dedico toda su vida, bus-
cando "la noble sencillez, la serena grandeza y la severa estética de
la forma", de que habló Goethe en términos que nadie ha podido
imitar posteriormente, porque, en realidad, había logrado fundir en
una sola las dos tendencias; el clasicismo y el romanticismo.
Vinckelmann tuvo muchos amigos, a los que escribía .cartas lle-
nas de apasionadas frases de amor y de conceptos relacionados con
el amor griego. Su obra, titulada Historia del arte en la antigüedad,
es una verdadera joya de estilo y de ciencia, que sobresale de entre
las muchas que dio a luz en su vida de afanoso investigador.
Justi y Molí se ocuparon de la vida de Vinckehnann, refiriendo
muchos episodios, que no dejan la menor duda acerca de su homo-
sexualidad. Sostuvo relaciones con un hombre burdo y brutal, coci-
nero de profesión, que había cumplido una condena por asesinato,
aparte de otros delitos. Este hombre, al que Viackehnann gra-
tificaba espléndidamente, asesinó en Trieste a su protector, im-
pulsado por el exclusivo móvil del robo.
Una gran personalidad norteamericana, el poeta Walt Whitman,
muerto en el año 1892, dejó escritas varias obras, en las que, con
tanta rudeza como naturalidad, expone los juicios más audaces acer-
ca de la libertad en todos los conceptos, especialmente en lo que
se refiere a la propia individualidad. Fue considerado como el poeta
profético de la democracia, y sus teorías acerca de lo que él llamó
"amor viril" han servido de motivo de discusión a muchos inves-
tigadores y de punto de partida a bastantes literatos de la homo-
sexualidad.
Este gran artista canta una 'forma de amor homosexual verda-
deramente extraño, ya que parece ignorar, como dice Goethe, que la
amistad y la admiración estética tengan por fin las practicas más
bajas. "Es preciso tener en cuenta—dice uno de sus biógrafos—que
poseía un temperamento concretamente emotivo e instintivo, des-
provisto de poder analítico y accesible a toda clase de influencias, sin
cuidarse da armonizarlas. Jamás se le hubiera hecho creer que pro-
pendía a la inversión sexual. Sin embargo, la verdad es que el
"amor viril" ofrece en su obra un predominio que escasamente en-
cajaría en los sentimientos del "hombre de tipo social medio", que
el poeta se propuso honrar. Si una persona, normalmente consti-
tuida, asumiese la franca actitud adoptada por Whitman, segura-
mente concedería mayor importancia a la relación sexual con la mu-
jer y a todos los elementos implicados en el impulso de la mater-
nidad que la que el poeta dio a estos sentimientos."
Whitman no se sintió impulsado nunca al matrimonio; pero, en
cambio, tuvo seis hijos con varias mujeres. Esta circunstancia cons- .
tituye una verdadera laguna en su vida, un extraño misterio que no
se ha podido aclarar suficientemente, ya que también escribió car-
tas muy apasionadas a diversos amigos.
Hasta el final del siglo pasado, los casos de homosexualidad le
los renacentistas y de los artistas célebres que siguieron aquellas teo-
rías ocuparon la atención de los investigadores en diversos as-
pectos. A partir de aquella época, cuando ya la ciencia empieza a
estudiar la homosexualidad desde el punto de vista en que debe
analizarse, lo que coincidió con varios célebres asuntos, como el de
Oscar Wilde, por ejemplo, este aspecto de la sexualidad deja de
ofrecer interés inmediato, porque, dicho sea de paso, la inversión o
el vicio se extienden o, por mejor decir, salen a la luz en el teatro,
en la poesía, en la literatura y hasta en la vida publica. Se vul-
gariza tanto lo que antes fue considerado como una modalidad ex-
quisita del espíritu, que, al perder su originalidad, pierde también
su valor psicológico, quizá demasiado alabado por los propagan-
distas.
Por último, el psicoanálisis asestó un golpe de muerte a los
sentimientos homosexuales, al poner a la luz del día las causas
"probables" de la inversión, que, no obstante su relatividad, sir-
vieron de sobra para delimitar los campos de la homosexualidad
auténtica y el vicio o la perversión.
En España, allá por el año 1925, la persecución de que fue ob-
jeto por la dictadura un escritor homosexual puso de moda la
homosexualidad y toda su literatura. Fue una buena época para cier-
tos escritores y para algunos editores; pero las cosas no pasaron de
ahí, porque, para comprender tales fenómenos en todo su valor, o
se es muy culto o se es analfabeto; es decir, inteligentes hasta la
exageración o instintivos hasta el primitivismo.


Evocación de Lesbos La fantasía de una invertida imaginó esta visión magnífica de la remota Lesbos, fantasma que constituyó el eje de toda su actividad intelectual y extraña.


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