(Nota XXXVII)
Los hechos de la pubertad deben su carácter llamativo a los procesos de maduración, tanto anímicos como corporales, que los caracterizan. Se inician y se acaban algo antes en las muchachas que en los muchachos. La maduración orgánica afecta todos los órganos y se produce aun cuando existan lesiones o pérdida de las glándulas germinales; con la sola diferencia de que, en estos últimos casos, las características sexuales secundarias no tendrán el mismo relieve ni plasticidad que normalmente. La maduración anímica puede ser inhibida a consecuencia de una educación inoportuna o deficiente, y esto, transitoria o duraderamente. La atención de escritores, investigadores y del common sense, fue llamada sobre todo por dos grandes clases de formas de expresión que hacen posible un doble punto de vista. Por una parte se nos llama la atención sobre fenómenos que revelan una capacidad de rendimiento aumentada y unas energías tanto cuantitativa como cualitativamente integradas. Pertenecen a esto la estructuración en el seno de la sociedad y de la profesión, la capacidad de pensar en abstracto, la tendencia a complementarse, el impulso a la reunión social y sexual, la formación de un plan de vida, el descubrimiento o la consolidación del yo, el ocupar un puesto adecuado en los diferentes sectores de actividad. También la propensión al idealismo, la conquista de una concepción del mundo la idealización y espiritualización del erotismo, y la toma de posiciones frente a los valores de la vida quedan muy a menudo puestos de relieve. Todos estos fenómenos se ponen de relieve con toda plasticidad tan pronto se tome como punto de mira la infancia que los precede, aplicando las medidas de la infancia a la juventud adolescente entre los trece a veintiún años de edad. Si, en cambio, quisiéramos aplicar a ella las medidas de los adultos, entonces las carencias saltarían mucho más a la vista. Torpezas y falta de habilidad, causadas por una carencia de familiaridad con los órganos del movimiento que van aumentándose y fortaleciéndose, llaman en seguida la atención, así como muy frecuentes timideces y el miedo a situaciones desacostumbradas aun para el (o la) joven ; terquedad, actitudes críticas o excépticas, muy a menudo también una excesiva tendencia a hacerse valer, éxtasis y fascinación, superabundancía de sentimientos, una embriaguez de grandes frases y palabras o lemas, como si con ellos debiera lograrse forzosamente la solución del enigma de la existencia; un negativismo frente a valores antes reconocidos, una oposición principal y una negativa a la coerción exterior, que sé dirigen a veces hasta contra valores culturales ; he aquí los principales fenómenos que más caracterizan esta; fase de la vida en la que se presentan también aberraciones y excesos de toda clase como enérgicas protestas y como sublevación manifiesta u oculta contra el sentimiento de inferioridad de la infancia. De este modo; la vida del púber parece destacarse más o menos agudamente contra toda sociedad no puberal, a veces con tanta violencia que a algunos les parecería natural asignar a la juventud durante este período una Jurisdicción y una forma de vida peculiares. En los últimos decenios se han producido potentes organizaciones juveniles, sobre todo en países de lengua alemana, cuyo valor positivo es sin duda visible en cuanto representan comunidades y colectividades, pero que, sin embargó, sé distinguen a veces por su hostilidad a la civilización, por su aislamiento en su actitud de lucha contra el «conjunto de los padres» y por su desvío del sexo femenino, Un examen objetivo de la fase puberal no encontrara en ella ninguna línea dinámica esencialmente nueva. Todos los fenómenos pertenecientes a éste sector pueden ser reconocidos sin exageración como estadios evolutivos de progreso, todos les cuates han tenido su oportuna preparación en la infancia. El período de la pubertad con su aproximación creciente al frente de la vida, con la maduración que acarrea de los órganos, con su complejo de postulados tanto corporales .como anímicos y eróticos, representa a modo de un experimento y ensayo frente a las esperanzas depositadas en, el porvenir. Ahora bien, los niños que van madurando toman exactamente frente a la vida y las exigencias momentáneas o venideras, aquella actitud que podemos esperar de ellos según haya sido su previa preparación. En el problema social de las relaciones con los demás congéneres humanos. de las relaciones entre yo y tu, bien al contrario, se ponen de manifiesto rasgos de camaradería, de amistad y de concepción del mundo, siempre según, el grado. de desarrollo que haya alcanzado previamente en la infancia el sentimiento de comunidad de cada cual. En cuanto al acto de abrazar una profesión, se notan movimientos y acercamientos, o bien huidas y retrocesos, ambos en la proporción, débil o enérgica, con que se haya desenvuelto ya la confianza en sí mismo y en las propias fuerzas. La valoración y las interpretaciones de la sexualidad, tal como se han realizado en años anteriores, así como el mismo objetivo erótico de antes, se hacen cada vez más claros a consecuencia de una mayor inconexión y libertad del púber y de una mayor tolerancia por parte de los adultos para con todos los movimientos del adolescente de uno o del otro sexo. Y, ante todo, se van obteniendo repuestas a todos estos y aun a otros muchos problemas de la pubertad, respuestas que se acercan cada vez más a una solución en la que se trabaja ya desdé hace mucho tiempo y desde lejos; y nunca falta en ellas el tono del sentimiento de la comunidad, de la tendiencia a hacerse valer y del sentimiento de inferioridad, todos ellos en el mismo grado en que quedaron desarrollados con antelación. La insuficiencia de la preparación realizada en la infancia consiste, por regla general, en una educación imperfecta para la vida, en sentido ora social, ora profesional, ora erótico, y en un descuido de la formación de un carácter autónomo, consciente de sí mismo y decidido (Nota 41). La vida en el seno de la civilización actual requiere una sólida preparación y una actitud decidida y optimista. De otro modo, es inevitable que se tope con conflictos y contradicciones. Éstos se encuentran ya desde la infancia, en la escuela, en la familia, en el trato con los pequeñas compañeros, y ejercen una mayor influencia precisamente en tos .menos independientes, a causa de su mayor sensibilidad e indecisión, en un sentido fatal, impulsándoles con obstinación hacia una resistencia aparentemente menor. Encontramos en tales casos, con mucha frecuencia» en la pubertad—y esto quiere decir : más cerca del frente de combate de la vida donde ya es necesario tomar decisiones— desviaciones secretas o minifiestas de vías culturales cuyo sentido no puede ofrecernos ninguna duda : evidentemente tienden a evitar quesean puestas a prueba. Una vez alcanzada esta perspectiva, y comprendidas algunas erupciones desagradables de la pubertad como intentos de compensación qué vienen originados por una sensación de debilidad, mucho de aquello que se designa por «fenómeno puberal» o «consecuencias de la pubertad», pasa a ser el efecto de un desarrollo progresivo, pero deficiente, hacia la madurez. Si se tiene en cuenta la insuficiencia -casi bajo todos los aspectos— de la preparación durante la infancia, no es de extrañar que la dura prueba de la pubertad de motivo a conflictos. En, casi todos los casos de descorazonamiento de la juventud -del que son responsables la falta de ánimos de capas sociales enteras, la educación a la cobardía, el mimo o la falta de cariño y el pesado fardo de unas esperanzas demasiado grandes en el porvenir—, tropezamos con una inclinación muy pronunciada a recurrir a pretextos, excusas y gratuitas disculpas ante unas exigencias que requieren solución. Merecen especial atención las frecuentes tendencias a buscar unos pretextos para huir ante los problemas de la sociedad, de la profesión y del amor, mediante unos conflictos exagerados artificialmente. En tales casos se llega ya, no por ser fuerte, sino por pura debilidad, a formas de vida que no representan sino una ficción, con el fin de aparentar tan sólo fuerza. A menudo estal a una lucha insensata dentro del marco dé la misma familia; sublevaciones desprovistas de sentido contra autoridades auténticas o imaginadas desenvuelven todas las energías disponibles; el odio, el asco y la falta de interés frente a la actividad profesional vienen originados generalmente por el miedo a sufrir fracasos y la capacidad normal de amar queda artificialmente inhibida por un continuo «entrenamiento» hacia las perversiones, puesto que en las mismas parece más fácil guardar las apariencias de la propia superioridad. Un culto del yo, tendenciosamente fomentado, sería la existencía de un ahogamiento perturbador del sentimiento de comunidad, conduce a un aislamiento perjudicial y está siempre en correlación con la hipersensibilidad y e! amor propio desmesurado que dan una y otra vez lugar a conflictos y a un aislamiento cada vez mayor. En ésta situación crítica preséntanse —a la manera de otras tantas señales de retroceso— numerosos síntomás nerviosos, como neurosis compulsivas, histeria, neurastenia, fobias y, como el cuadro sinóptico de un derrumbamiento total de la personalidad, la demencia precoz. También el camino que la incivilidad y a la criminalidad representa, en individuos más activos —como la prostitución de las muchachas—; una ex- presión del descorazonamiento frente al papel normal que tendrían que desempeñar en la vida. Las cifras estadísticas de los suicidios en la fase puberal empiezan a aumentar, puesto que la propensión a soluciones desprovistas de animó, pero llenas de un afán de venganza (Nota 42), que se pueden dar a los conflictos, obtienen fácilmente la superioridad dentro de este tipo. Junto a estos fenómenos desagradables de la pubertad, se encuentran también siempre, al mismo tiempo, valores integrados. Se muestran continuaciones y progresos en todos los rendimientos posibles y en todos los campos de la actividad. La autonomía, la confianza depositada en la persona, el sentimiento de pertenecer al mismo grupo o clase, se ponen cada vez más de relieve. Preparativos y habilidades que fueron llevados a cabo y ejercitados durante mucho tiempo, manifiéstanse ahora en forma de un aumento de interés, y la continua adquisición de aptitudes, con su integración incesante, confieren a la vida del joven una orientación determinada en cuanto a su futura actividad y profesión. Mientras que durante este período unas seudoáptitudes para las artes y ciencias llegan a desaparecer casi por completo, en otros casos aumenta considerablemente la capacidad productiva, hasta dar unos rendimientos de sorprendente originalidad. Las formas de vida hasta entonces logradas se perfilan cada vez más, conforme las fuerzas van creciendo en el joven y en su pugna por la autonomía, y unos grandes ideales directores —generalmente aún cosas vistas, oídas o leídas (que no originales)— hacen adivinar ya el sentido de la vida futura que va desplegándose poco a poco.
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El problema del homosexualismo y otros estudios sexuales. Alfred Adler (1936)
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