Capítulo sexto

LA ELABORACIÓN ONÍRICA
TODAS las tentativas realizadas hasta el día para solucionar los problemas
oníricos se enlazaban directamente al contenido manifiesto, esforzándose por extraer de
él la interpretación o fundamentar en él, cuando renunciaban a hallar sentido alguno
interpretable, su juicio sobre el fenómeno objeto de nuestro estudio. Somos, pues, los
primeros en partir de un diferente punto inicial. Para nosotros se interpola, en efecto,
entre el contenido onírico y los resultados de nuestra observación un nuevo material
psíquico: el contenido latente o ideas latentes del sueño que nuestro procedimiento
analítico nos lleva a descubrir. De este contenido latente y no del manifiesto es del que
desarrollamos la solución del sueño. Así, pues, se nos presenta también una nueva labor
que no se planteaba a los autores anteriores: la de investigar las relaciones del contenido
manifiesto con las ideas latentes y averiguar por qué proceso ha surgido de estas últimas
aquel primero.
Las ideas latentes y el contenido manifiesto se nos muestran como dos versiones
del mismo contenido, en dos idiomas distintos, o, mejor dicho, el contenido manifiesto
se nos aparece como una versión de las ideas latentes a una distinta forma expresiva
cuyos signos y reglas de construcción hemos de aprender por la comparación del
original con la traducción. Las ideas latentes nos resultan perfectamente comprensibles
en cuanto las descubrimos. En cambio, el contenido manifiesto nos es dado como un
jeroglífico, para cuya solución habremos de traducir cada uno de sus signos al lenguaje
de las ideas latentes. Incurriríamos, desde luego, en error si quisiéramos leer tales signos
dándoles el valor de imágenes pictóricas y no de caracteres de una escritura jeroglífica.
Supongamos que tenemos ante nosotros un jeroglífico cualquiera de los muchos que se
publican como pasatiempo. En él vemos una casa sobre cuyo tejado descansa una barca,
y luego, a continuación una letra y una figura humana, sin cabeza, corriendo
desesperadamente, etc. Ante estas imágenes podríamos expresar la crítica de que tanto
su yuxtaposición como su presencia aislada son absurdas e insensatas, pues las barcas no
anclan nunca sobre los tejados y un hombre decapitado es incapaz de correr. Asimismo,
esta última figura resulta más grande que la casa, y si el conjunto ha de representar un
paisaje, sobran las letras, que jamás hemos visto surgir espontáneamente en la
Naturaleza. Pero estas objeciones dependen de que formamos sobre el jeroglífico un
juicio equivocado. Así pues, habremos de prescindir de ellas y adaptarnos al verdadero
carácter de aquél, esforzándose en sustituir cada imagen por una sílaba o una palabra
susceptibles de ser representadas por ella. La yuxtaposición de las palabras que así
reuniremos no carecerá ya de sentido, sino que podrá constituir incluso una bellísima
sentencia. Pues bien: el sueño es exactamente uno de estos jeroglíficos, y nuestros
predecesores en la interpretación onírica han incurrido en la falta de considerar el
jeroglífico como una composición pictórica. De este modo no tenía más remedio que
parecerles insensato y sin valor alguno.
a) La labor de condensación.
Lo primero que la comparación del contenido manifiesto con las ideas latentes
evidencia al investigador es que ha tenido efecto una magna labor de condensación. El
sueño es conciso, pobre y lacónico en comparación con la amplitud y la riqueza de las
ideas latentes. Su relación escrita ocupa apenas media página. En cambio, la del análisis
en el cual se hallan contenidas las ideas latentes ocupa seis, ocho o doce veces más
espacio. Esta proporción es muy variable, y por lo que hasta el momento hemos podido
comprobar, no influye para nada en el sentido de los sueños correspondientes.
Generalmente se estima muy por debajo el montante de la comprensión que ha tenido
efecto, pues se consideran las ideas latentes descubiertas como la totalidad del material
dado, siendo así que no constituyen sino una parte del mismo y que, prosiguiendo el
análisis, podemos hallar todavía nuevas series de ideas que se ocultaban detrás del
sueño. Ya indicamos antes que jamás podemos estar seguros de haber agotado la
interpretación de un sueño. Aunque la solución obtenida nos parezca completa y
satisfactoria, queda siempre la posibilidad de que el mismo sueño haya servido también
de exteriorización a otro sentido más. Así, pues, el montante de condensación es -en
términos rigurosos- indeterminable. Contra el aserto de que la desproporción entre
contenido manifiesto e ideas latentes nos fuerza a deducir que en la elaboración onírica
ha tenido efecto una amplia condensación del material psíquico, podría elevarse una
objeción, a primera vista muy plausible. Pudiera, en efecto, alegarse la impresión que
con tanta frecuencia experimentamos de haber soñado muchas cosas a través de toda la
noche y haber olvidado después la mayor parte. De este modo el sueño que al despertar
recordamos no sería sino un resto de la total elaboración onírica, la cual, recordada por
entero, presentaría una amplitud igual a la de las ideas latentes. Hay aquí una parte de
verdad, pues la observación de que cuando más fielmente nos es dado reproducir un
sueño es cuando intentamos recordarlo inmediatamente después de despertar, mientras
que conforme avanza el día va haciéndose su recuerdo cada vez más vago e incompleto,
es rigurosamente cierta. Pero, por otro lado, podemos comprobar que el sentimiento de
haber soñado mucho más de lo que podemos reproducir reposa muchas veces en una
ilusión, cuyo origen aclararemos más adelante. Además, la hipótesis de una
condensación en la elaboración onírica no queda contradicha en modo alguno por la
posibilidad del olvido de los sueños, pues resulta demostrada por las masas de
representaciones pertenecientes a cada uno de los fragmentos oníricos conservados. Lo
que sucede cuando realmente ha sido olvidada una gran parte del sueño es que tal olvido
nos cierra el acceso a una nueva serie de ideas latentes, pues nada justifica la suposición
de que los fragmentos oníricos olvidados no se habrían referido sino a aquellas ideas que
ya conocemos por el análisis de los conservados.
Ante la extraordinaria cantidad de ocurrencias que el análisis aporta con respecto
a cada elemento del contenido onírico surgirá en nuestros lectores la duda de si podemos
considerar como perteneciente a las ideas latentes todo aquello que a posteriori se nos
ocurre durante la labor analítica; esto es, si debemos suponer que todas estas ideas se
hallaban ya en actividad durante el reposo y contribuyeron a la elaboración del sueño, o
si no es mucho más verosímil que durante dicha labor surjan nuevas asociaciones de
ideas que no tomaron parte alguna en la constitución del mismo. Sólo condicionalmente
podemos agregarnos a esta duda. Es, desde luego, cierto que durante el análisis surgen
por primera vez algunas asociaciones, pero siempre nos es dado comprobar que tales
nuevas conexiones sólo se establecen entre ideas que se hallaban ya enlazadas de otra
manera en el contenido latente. Las nuevas conexiones no son sino contactos o corto
circuitos facilitados por la existencia de otros caminos de enlace más profundos. Con
respecto a la mayor parte de las masas de ideas descubiertas en el análisis, nos vemos
obligados a reconocer que han actuado ya en la elaboración del sueño; pues cuando
hemos seguido una cadena de tales pensamientos, que parecen exentos de todo nexo con
dicha elaboración, tropezamos bruscamente con una idea que se halla representada en el
sueño, es indispensable para la elaboración del mismo y no resulta accesible sino por la
persecución de dicha serie de pensamientos, ajena en apariencia a la formación del
producto onírico. Recuérdese a este respecto el sueño de la monografía botánica, que se
nos muestra como el resultado de una asombrosa condensación, aunque no hemos
comunicado su análisis sino fragmentariamente.
Pero entonces, ¿cómo hemos de representarnos el estado psíquico que durante el
reposo precede al soñar? Las ideas latentes, ¿aparecen dadas en conjunto o son
recorridas de un modo sucesivo? ¿No podrá ser también que, partiendo de diversos
centros, se constituyan varias cadenas de ideas simultáneas, que luego se unan en un
punto dado? A mi juicio, no tenemos necesidad ninguna de crearnos una representación
plástica del estado psíquico en la elaboración onírica. Bastará con no olvidar que se trata
del pensamiento inconsciente y que el proceso puede ser muy distinto del que
percibíamos en nosotros en la reflexión voluntaria acompañada de consciencia.
De todos modos, el hecho es que la elaboración onírica reposa sobre una
condensación permanente inquebrantable. Ahora bien: ¿cómo se lleva a cabo tal
condensación?
Si reflexionamos que de las ideas latentes halladas sólo una minoría queda
representada en el sueño por uno de sus elementos de representación, habríamos de
concluir que la condensación se verifica por exclusión, no siendo así el sueño una fiel
traducción o una proyección, punto por punto, de las ideas latentes, sino una
reproducción harto incompleta y llena de lagunas de las mismas. Este juicio es, sin
embargo, como pronto veremos, harto equivocado. Pero tomémoslo al principio como
base y continuemos preguntándonos: si al contenido manifiesto no llegan sino pocos
elementos de las ideas latentes, ¿qué condiciones determinan la selección de las
mismas?
Para contestar a esta interrogación examinaremos aquellos elementos del
contenido manifiesto que tienen que haber cumplido tales condiciones. El material mejor
para esta investigación será, sin duda, un sueño en cuya elaboración haya tenido efecto
una condensación particularmente enérgica. Elegiremos el de la monografía botánica,
expuesto antes del capítulo V.
Sueño de la monografía botánica. Contenido manifiesto: «He escrito una
monografía sobre una especie (indeterminada) de plantas. Tengo el libro ante mí y,
vuelvo en este momento la página por la que se hallaba abierto y que contiene una
lámina en colores. Cada ejemplar ostenta, a manera de herbario, un espécimen disecado
de la planta.»
El elemento más evidente de este sueño es la monografía botánica. Como ya
indicamos procede de las impresiones del día del sueño pues la tarde anterior al mismo
había visto realmente en el escaparate de un librero una monografía sobre los
ciclámenes. El contenido manifiesto omite mencionar esta especie y conservar tan sólo
la monografía y su relación con la Botánica. La «monografía botánica» demuestra en
seguida su relación con mi estudio sobre la cocaína, y de esta última se dirige la
asociación de ideas, por un lado, al escrito redactado con motivo del aniversario de un
laboratorio y a determinados hechos relacionados con tal institución, y por otro, a mi
amigo el oculista doctor Koenigstein, que participó en la aplicación de la cocaína como
anestésico. A la persona del doctor Koenigstein se enlazan, además, el recuerdo del
interrumpido diálogo que sostuve con él la tarde anterior y los diversos pensamientos
sobre el pago de los servicios médicos entre colegas. Esta conversación es el verdadero
estímulo onírico actual. La monografía sobre los ciclámenes es también una actualidad,
pero de naturaleza indiferente. Resulta, pues, que la «monografía botánica» del sueño se
demuestra como un elemento común intermedio entre ambos sucesos diurnos, tomado
sin modificación alguna de la impresión indiferente y enlazado con el suceso
psíquicamente importante por amplísimos enlaces de asociaciones.
Pero no sólo la representación compuesta monografía botánica, sino también
aisladamente cada uno de sus elementos, botánica y monografía, van profundizando más
y más, por medio de múltiples asociaciones, en la madeja de ideas latentes. Al elemento
botánica pertenecen los recuerdos relativos a la persona del profesor Gärtner (jardinero),
a su floreciente mujer, a aquella paciente mía cuyo nombre era Flora y la señora de la
que relaté la historia de las flores olvidadas. El elemento Gärtner me conduce
nuevamente al laboratorio y a la conversación con Koenigstein, a la que pertenece
asimismo la mención de mis dos pacientes. De la señora de las flores parte un camino
mental hasta las flores preferidas de mi mujer, punto en el que converge también otro
camino cuyo punto de partida es el título de la monografía vista en la vigilia. El
elemento «botánica» recuerda, además, el episodio del herbario y un examen de mi
época universitaria, y un nuevo tema tratado en mi conversación con el oculista -el de
mis aficiones- se enlaza por mediación de la alcachofa, a la que humorísticamente llamo
mi flor preferida, a la concatenación de ideas por parte de las flores olvidadas. Detrás del
elemento «alcachofa» se esconde, en primer lugar, el recuerdo de Italia, y en segundo, el
de una escena infantil que inició mis relaciones, tan íntimas luego, con los libros. Así,
pues, botánica es un verdadero foco de convergencia, en el que se reúnen para el sueño
numerosas series de ideas, cuyo enlace quedó efectuado en mi conversación con
Koenigstein. Nos hallamos aquí en medio de una fábrica de pensamientos en la que,
como en una obra maestra de hilandería y según los famosos versos se «entrecruzan mil
y mil hilos, -van y vienen las lanzaderas, -manan invisiblemente las hebras - y un único
movimiento establece mil enlaces.» (Goethe: `Faust'.)
El elemento «monografía» del sueño procede a su vez de dos temas: lo unilateral
de mis estudios y lo costoso de mis aficiones.
De este primer examen sacamos la impresión de que los elementos «monografía»
y «botánica» han sido acogidos en el contenido manifiesto por ser los que: presentan
más considerable número de contactos con la mayoría de las ideas latentes,
constituyendo así puntos de convergencia en los que van a reunirse muchas de tales
ideas; esto es, por entrañar con respecto a la interpretación una multiplicidad de
significaciones. Expresando en forma distinta el hecho en que basamos esta explicación,
podemos decir que cada uno de los elementos del contenido manifiesto demuestra
hallarse superdeterminado y múltiplemente representado en las ideas latentes.
Investigando la emergencia de los demás elementos del sueño en las ideas latentes
realizamos aún nuevos descubrimientos. La lámina en colores contenida en la página por
la que abro el libro se refiere (véase el análisis) a un nuevo tema, la crítica de mis obras
por mis colegas; a otro ya representado en el sueño, mis aficiones, y al recuerdo infantil
de la destrucción de un libro que tenía láminas de colores. El espécimen disecado de la
planta se refiere al suceso del herbario escolar y hace resaltar este recuerdo con especial
energía. Veo, pues, de qué género es la relación entre el contenido manifiesto y las ideas
latentes: no sólo se hallan múltiplemente determinados los elementos del sueño por las
ideas latentes, sino que cada una de éstas se halla asimismo representada en el sueño por
varios elementos. De un elemento del sueño conduce el camino de asociación a varias
ideas latentes y de una idea latente, a varios elementos del sueño. Así, pues, la
elaboración no se verifica suministrando cada una de las ideas latentes o cada grupo por
ellas formando una abreviatura destinada al contenido del sueño -como los habitantes de
una nación eligen diputados que los representen en Cortes-, sino que la completa
totalidad de las ideas latentes es sometida a cierta elaboración conforme a la cual los
elementos más firmes y eficazmente sustentados quedan situados en primer término para
su acceso al contenido manifiesto, procedimiento análogo al de elección por listas
electorales. Cualquiera que sea el sueño que sometamos a esta disección, confirmaremos
los mismos principios; esto es, que los elementos del contenido manifiesto quedan
constituidos a expensas de la totalidad de las ideas latentes y cada uno de ellos se
muestra múltiplemente determinado con relación a dichas ideas.
No es seguramente ocioso demostrar prácticamente esta relación entre contenido
manifiesto e ideas latentes con un nuevo ejemplo, caracterizado por la complicada trama
de las relaciones recíprocas. Este sueño procede de un enfermo de claustrofobia (miedo
a los espacios cerrados) al que tuve sometido a tratamiento. El título que doy a su
ingeniosísima construcción onírica se halla plenamente justificado, como el lector verá
más adelante.
I. Un bello sueño.-«Acompañado por un nutrido grupo de gente, entra en la calle
de X, en la cual hay una modesta posada (dato inexacto en la realidad). En las
habitaciones de esta posada se está verificando una representación teatral, y él es tan
pronto espectador como actor. Al final tienen todos que cambiarse de traje para volver a
la ciudad. A este fin se designa a parte del personal las habitaciones del piso bajo y a la
otra las del primero. Los de arriba se incomodan porque los de abajo no han acabado
todavía y no pueden ellos bajar. Su hermano está arriba; él, abajo, y se incomoda son
aquél porque le da tanta prisa (toda esta parte, oscura en el sueño). Además, ya al llegar
estaban distribuidas las habitaciones y determinado quién había de estar arriba y quién
abajo. Luego camina solitario por la cuesta arriba que la calle X forma en dirección a la
ciudad y anda tan difícil y trabajosamente, que apenas avanza. Un caballero anciano se
une a él e insulta al rey de Italia. Próximo ya al final de la pendiente comienza a andar
con mayor facilidad.»
La fatiga al andar fue tan clara en el sueño, que todavía, al despertar, dudó el
sujeto por algunos momentos si se trataba de un sueño o de una realidad.
Si nos atenemos al contenido manifiesto, no presenta este sueño nada que merezca
nuestro interés. Contra lo regular, comenzaré la interpretación por el fragmento que el
sujeto manifiesta ha sido el más claro y preciso.
La fatiga soñada y probablemente sentida en el sueño, esto es, la disnea al subir la
cuesta, es uno de los síntomas que el sujeto mostró realmente hace algunos años y fue
atribuido por entonces, con otros fenómenos, a una tuberculosis (simulada
probablemente por la histeria). Conocemos ya, por nuestro estudio de los sueños
exhibicionistas, esta sensación de parálisis, peculiar al fenómeno onírico, y volvemos a
comprobar aquí que es utilizada como un material disponible en todo momento para los
fines de otra cualquier representación. El fragmento onírico que describe cómo la subida
se hacía muy trabajosa al principio y fácil, en cambio, al final de la pendiente me
recordó, al escuchar el relato de este sueño, la conocida y magistral introducción de la
Safo, de Alfonso Daudet. Un joven sube una escalera llevando en brazos a su amada. Al
principio no siente apenas el peso del adorado cuerpo, pero conforme va subiendo va
haciéndose más pesada la carga, hasta resultarle intolerable. Esta escena resume la
narración de Daudet, en la cual se propone el poeta advertir a la juventud de los peligros
de prodigar seria inclinación a mujeres de baja extracción y dudoso pasado. Aunque
sabía que mi paciente había mantenido, y roto poco tiempo antes, relaciones amorosas
con una actriz, no esperaba yo que mi espontánea interpretación se demostrase acertada.
Además, la escena de Safo se desarrollaba en sentido inverso a la del sueño, pues en éste
es la subida penosa al principio y luego fácil, mientras que para el símbolo de la novela
es necesario que aquello que al principio parece ligero resulte luego una pesada carga.
Para mi sorpresa, observó el paciente que tal interpretación se adaptaba muy bien al
contenido de la obra que la noche anterior había visto representar en el teatro. Dicha
obra se titulaba En derredor de Viena y desarrollaba la vida de una muchacha de origen
humilde que, lanzada a la vida galante, subía a capas más altas de la sociedad por sus
relaciones con hombres aristócratas, pero acababa descendiendo cada vez más bajo. El
argumento de esta obra le había recordado otra, titulada De escalón en escalón, en cuyos
carteles anunciadores se ostentaba una escalera de varios escalones.
La interpretación de este sueño continuó luego en la forma siguiente: En la calle X
había vivido la actriz con la que últimamente había mantenido relaciones. En dicha calle
no hay posada ninguna. Pero una vez que el sujeto había pasado parte del verano en
Viena se alojó (descendió `abgestiegen') en un hotel cercano. Al abandonarlo dijo al
cochero: «Después de todo, no está mal este hotel. Por lo menos no hay en él pulgas ni
chinches» (ésta era, además, una de sus fobias). A lo cual respondió el cochero: «No sé
cómo se le ha ocurrido a usted venir a parar aquí. Más que un hotel es una posada.»
Al elemento «posada» se enlaza en seguida el recuerdo de unos versos de Uhland:
«Hace poco fui invitado -por un amable posadero.». El posadero de estos versos es un
manzano.
Otra cita continúa luego la concatenación de ideas: «Fausto, bailando con la
joven: Tuve una vez un bello sueño; - veía un manzano, - en el que relucían dos bellas
manzanas; - me atrajeron y subí a cogerlas. - La bella: mucho os gustan las manzanas -
desde los tiempos del Paraíso; - y siento una gran alegría - de que también las haya en
mi jardín.» (Goethe: `Faust'.)
No puede abrigarme la menor duda sobre aquello a que se alude con el manzano y
las manzanas. Un bello busto era uno de los encantos con los que la actriz había
encadenado al sujeto.
El conjunto de este análisis justificaba plenamente la sospecha de que el sueño se
retrotraía a una impresión infantil y que, siendo así, tenía que referirse a la nodriza del
sujeto, el cual se halla próximo a los treinta años. Para el niño es, efectivamente, el seno
de su nodriza la posada donde se alimenta. Tanto la nodriza como Safo constituyen en el
sueño alusiones a la mujer amada y recientemente abandonada.
En el contenido manifiesto aparece también el hermano (mayor) del paciente. Este
se halla abajo y aquél arriba, circunstancia que constituye, de nuevo, una inversión de
las circunstancias reales, pues me es conocido que el hermano ha perdido su posición
social, conservándola, en cambio, mi paciente. En la reproducción del contenido
manifiesto eludió el sujeto una expresión muy corriente -«Mi hermano estaba arriba y yo
par terre», que hubiera transparentado en demasía, aunque inversamente la situación
real, pues decimos que una persona está par terre cuando ha perdido fortuna y posición;
esto es, cuando podemos decir también de ella que ha descendido. El hecho de que en
esta parte del sueño quede algo representado en forma invertida tiene que poseer un
sentido, y tal inversión ha de mostrarse extensiva a otra distinta relación entre las ideas
latentes y el contenido manifiesto. El examen de la última parte del sueño en la que la
«subida» muestra el carácter inverso al de la escena de Safo, nos indica claramente cuál
es dicha inversión: en Safo lleva el hombre en sus brazos a la mujer ligada a él por
relaciones sexuales. Así, pues, en las ideas latentes se trata, a la inversa, de una mujer
que lleva al hombre, y dado que esto no puede suceder sino en la infancia, se referirán
dichas ideas a la nodriza que lleva en brazos a la criatura y para la cual constituye la
crianza del pequeño ser una pesada carga. De este modo representa el sueño a Safo y a la
nodriza por medio de un mismo elemento.
Así como el nombre de Safo no fue escogido por el poeta sin un propósito alusivo
a una costumbre lesbiana, también los fragmentos del sueño que muestran personas
ocupadas arriba y abajo se refieren a fantasías de contenido sexual que ocupan la
imaginación del sujeto y que a título de impulsos sexuales reprimidos no carecen de
relación con su neurosis. La interpretación misma no nos revela que tales elementos
latentes así representados en el sueño sean, en efecto, fantasías y no recuerdos de hechos
reales, pues se limita a proporcionarnos un contenido ideológico y deja a nuestro cargo
el fijar un valor real. Los sucesos reales y los fantásticos aparecen aquí -y no sólo aquí,
sino también en la creación de productos psíquicos de mayor importancia que el sueñocomo
equivalentes al principio. La mucha gente significa, como ya indicamos, secreto.
El hermano no es sino el representante, incluido en la escena infantil, por un «fantasear
retrospectivo» de todos los ulteriores competidores amorosos. Por último el episodio del
caballero que insulta al rey de Italia se relaciona de nuevo por el intermedio de un
suceso reciente, pero indiferente en sí, con el acceso de personas de baja extracción a
círculos elevados de la sociedad. Es como si a la advertencia que Daudet dirige a los
jóvenes hubiera de yuxtaponerse otra análoga dirigida al niño de pecho.
II. El sueño del escarabajo de Mayo. Contenido onírico: Como segundo ejemplo
para el estudio de la condensación en la elaboración onírica, comunicaré aquí el análisis
parcial de otro sueño que debo a una señora, ya de edad madura, sometida a tratamiento
psicoanalítico. Correlativamente a los graves estados de angustia que padecía, contenían
sus sueños un amplísimo material de ideas sexuales, cuya revelación la sorprendió y
atemorizó al principio. No siéndome posible comunicar el análisis completo, parece el
material onírico dividirse en varios grupos sin conexión visible.
«Recuerda que tiene encerrados en una caja dos coleópteros (Maikaefer) a los que
habrá de dar libertad si no quiere que se ahoguen. Al abrir la caja ve que los dos insectos
se hallan muy deprimidos. Por fin, vuela uno a través de la ventana abierta; pero el otro
queda machacado contra una de las hojas de la misma al cerrarla ella, obedeciendo a la
indicación que alguien le hace en tal sentido (manifestaciones de repugnancia).»
Análisis: Su marido se halla de viaje. Junto a ella, en el lecho conyugal, duerme su
hija, muchacha de catorce años. Esta última le advirtió, al acostarse, que había caído una
polilla en el vaso de agua; pero ella no se preocupó de sacarla, y al verla por la mañana
lamenta la muerte del pobre animalito. En un libro que leyó por la noche se cuenta cómo
unos niños arrojan un gato en un caldero de agua hirviendo y se describen las
convulsiones de la infeliz víctima. Estas son las dos impresiones, indiferentes en sí, que
motivan el sueño. A continuación pasa al tema de la crueldad para con los animales. Su
hija mostró en alto grado este defecto durante un verano que pasaron en el campo. Se
dedicó a formar una colección de mariposas y le pidió arsénico para matarlas. Una
mariposa de gran tamaño se le escapó un día de las manos y revoloteó largo rato por la
habitación con el cuerpo traspasado por un alfiler. Otra vez se le murieron de hambre
unos gusanos que guardaba para observar cómo iban formando el capullo. Esta misma
niña solía entretenerse, en años aún más tiernos, arrancando a los coleópteros y a las
mariposas las alas y las patas. Afortunadamente se ha corregido ya de estas tendencias
crueles y hoy se horrorizaría de tales actos.
Esta contraposición entre los crueles sentimientos anteriores de su hija y la actual
bondad de la misma ocupa largo rato su pensamiento y le recuerda otra, la que suele
existir entre el aspecto exterior de las personas y su condición moral. Así, el aristócrata
que seduce y abandona a una infeliz muchacha y el obrero de nobles y elevados
pensamientos. El carácter de una persona no puede deducirse de su aspecto exterior.
¿Quién podría conocer por su aspecto los deseos sexuales que a ella la atormentaban?
En la misma época durante la cual se dedicaba su hija a coleccionar mariposas se
halla toda la región invadida por una plaga del coleóptero melolontha vulgaris
(Maikaefer -literalmente, coleóptero de mayo-), y los chicos se dedicaban a combatirla,
machacándolos sin piedad. Por entonces vio también a un hombre que cogía insectos, les
arrancaba las alas y se los comía. Ella nació y se casó en el mes de mayo. Tres días
después de su boda escribió a sus padres una carta diciéndoles que era muy feliz. Pero,
la verdad, era todo lo contrario.
Durante la tarde anterior al sueño había estado revisando cartas antiguas y había
leído, a los suyos, varias de ellas, serias unas y cómicas otras. Entre estas últimas se
halla una, altamente ridícula, de un profesor de piano que le había hecho la corte de
muchacha. Luego leyó otra de un aristocrático pretendiente.
Se reprocha no haber podido impedir que una de sus hijas leyese un libro, poco
recomendable, de Maupassant.
El arsénico que su hija le pidió en la ocasión indicada le recuerda las píldoras de
arsénico que devuelven las energías juveniles al duque de Mora, en El Nabab, de
Daudet.
Al elemento «dar libertad» asocia el recuerdo de un pasaje de La flauta mágica:
«No puedo forzarte a amar, - pero no te devolveré la libertad.»
A los coleópteros (Maikaefer), las palabras de Kaetchen: «Estás enamorado como
un coleóptero.»
En el intermedio recuerda una cita de Tannhäuser: «Porque, poseído por perverso
deseo…»
Vive preocupada y ansiosa, pensando en su marido ausente. El miedo de que
pueda sucederle algo se exterioriza en numerosas fantasías diurnas. Poco antes había
expresado en sus pensamientos inconscientes, durante el análisis, una queja sobre su
avejentamiento. La idea optativa que este sueño encubre quedará transparentada con el
dato de que varios días antes del sueño sobresaltó y horrorizó a la sujeto el imperativo
ahórcate, que dirigido a su marido surgió de improviso en su pensamiento mientras se
hallaba realizando sus ocupaciones de ama de casa. Posteriormente se averiguó que
algunas horas antes había leído que los ahorcados experimentan en el momento de morir
una enérgica erección. Así, pues, el deseo de dicha erección era lo que, bajo tal disfraz
atemorizante, resurgía de la represión. El imperativo ahórcate significaba tanto como el
de «procúrate una erección a cualquier precio». Las píldoras de arsénico del doctor
Jenkins, en El Nabab, pertenecen a este círculo de ideas. La paciente sabía también que
el más enérgico afrodisíaco, la cantaridina, se prepara machacando los cuerpos de unos
coleópteros. Tal es el sentido al que tiende la parte principal del contenido manifiesto.
El abrir y cerrar la ventana es una causa constante de discusiones con su marido.
Este acostumbra dormir con las ventanas cerradas. Ella, en cambio, prefiere que
permanezcan abiertas.
En los tres sueños cuya comunicación antecede ha hecho resaltar, subrayándolos,
aquellos elementos del contenido manifiesto que retornan en las ideas latentes,
mostrando así, evidentemente, la múltiple relación de los mismos. Pero dado que en
ninguno de estos sueños se ha llevado a término el análisis, creemos conveniente realizar
igual labor en un sueño cuyo análisis hallamos comunicado más minuciosamente,
demostrando en él la superdeterminación de su contenido. Con este objeto elegiremos el
sueño de la inyección de Irma, ejemplo en el que reconocemos sin esfuerzo que la labor
de condensación se sirve, en la elaboración del sueño, de más de un único medio.
El personaje principal del contenido del sueño es Irma, mi paciente, que aparece
en él con su fisonomía real y, por tanto, se representa al principio a sí misma. Pero ya su
colocación, al reconocerla yo junto a la ventana, está tomada de un recuerdo referente a
otra persona, aquella señora a la que, según me revelan las ideas latentes, quisiera yo
tener como paciente en lugar de Irma. Por el hecho de padecer ésta una difteritis,
enfermedad que me recuerda la de mi hija mayor, pasa a representar a ésta, detrás de la
cual, y enlazada con ella por la igualdad de nombre, se esconde la persona de una
paciente muerta por intoxicación. En el subsiguiente curso del sueño cambia la
significación de la personalidad de Irma (sin que su imagen onírica varíe),
transformándose en uno de los niños a los que reconocíamos en la consulta pública de
nuestra clínica, ocasión en la que demuestran mis dos amigos la diferencia de sus
capacidades intelectuales. El paso de una a otra significación quedó, sin duda, facilitado
por la representación de mi hija en edad infantil. Por la resistencia que opone a abrir
bien la boca, se convierte la misma Irma en alusión a otra señora reconocida por mí una
vez, y luego, dentro del mismo contexto, a mi propia mujer. En las alteraciones
patológicas que compruebo en su garganta hallo, además, alusiones a toda una serie de
otras personas.
Todas estas personas con las que tropiezo al perseguir el elemento «Irma» no
entran corporalmente en el sueño, sino que se esconden detrás de la persona onírica
«Irma», que queda constituida de este modo como una imagen colectiva con rasgos
contradictorios. Por mi atribución a Irma de todos aquellos recuerdos míos referentes a
aquellas otras personas sacrificadas en el proceso de condensación, queda convertida en
representante de las mismas.
La constitución de tal persona colectiva, para los fines de la condensación onírica,
puede llevarse también a cabo fundiendo en una imagen onírica los rasgos actuales de
dos o más personas.
b) El proceso de desplazamiento.
Al reunir los ejemplos de condensación onírica antes expuestos, hubimos de
advertir la existencia de otra relación no menos importante. Observamos, en efecto, que
los elementos que se nos revelan como componentes esenciales del contenido manifiesto
están muy lejos de desempeñar igual papel en las ideas latentes. E inversamente, aquello
que se nos muestra sin lugar a dudas como el contenido esencial de dichas ideas puede
muy bien no aparecer representado en el sueño. Hállase éste como diferentemente
centrado, ordenándose su contenido en derredor de elementos distintos de los que en las
ideas latentes aparecen como centro. Así, en el sueño de la monografía botánica, el
centro del contenido manifiesto es, sin disputa, el elemento «botánico», mientras que en
las ideas latentes se trata de los conflictos y complicaciones resultantes de la asistencia
médica entre colegas, y luego, del reproche de dejarme arrastrar demasiado por mis
aficiones, hasta el punto de realizar excesivos sacrificios para satisfacerlas, careciendo el
elemento «botánica» de todo puesto en este nódulo de las ideas latentes y hallándose, en
todo caso, lejanamente enlazado a él por antítesis, dado que la Botánica no pudo
contarse nunca entre mis aficiones. El nódulo del «sueño de Safo» antes relatado está
constituido por el subir y bajar, el estar arriba y abajo, mientras que las ideas latentes
tratan de los peligros del comercio sexual con personas de baja condición, de manera
que sólo uno de los elementos latentes aparece incluido en el contenido manifiesto, en el
que toma una injustificada expresión. En el sueño de los coleópteros, cuyo tema es la
relación de la sexualidad con la crueldad, pasa también al contenido manifiesto uno de
los factores latentes -la crueldad-, pero formando parte de un tema distinto y sin
conexión alguna con lo sexual; esto es, arrancado de su contexto primitivo y convertido
así en algo ajeno a él. En el sueño del amigo que es mi tío, la barba rubia, centro del
contenido manifiesto, no muestra relación alguna de sentido con los deseos de grandeza
que vimos constituían el nódulo de las ideas latentes. Tales sueños nos dan una
impresión de desplazamiento. Contrastando con estos elementos el sueño de la inyección
de Irma nos muestra que los elementos oníricos pueden también conservar, a través de la
elaboración del sueño, el puesto que ocupaban en las ideas latentes. El descubrimiento
de esta nueva relación, de significado totalmente inconsciente, entre las ideas latentes y
el contenido manifiesto no puede por menos de despertar, al principio, nuestro asombro.
Cuando en un proceso psíquico de la vida normal descubrimos que una representación
determinada ha sido elegida entre varias y ha alcanzado una especial vivacidad para la
consciencia solemos considerar este resultado como prueba de que la representación
victoriosa posee un valor psíquico particularmente elevado (un cierto grado de interés).
Pero advertimos ahora que este valor de los distintos elementos de las ideas latentes no
permanece conservado -o no es tenido en cuenta- en la elaboración onírica. De cuáles
son los elementos más valiosos de las ideas latentes no cabe dudar un solo instante, pues
nuestro juicio nos lo indica inmediatamente.
Ahora bien: estos elementos esenciales, acentuados por un intenso interés, pueden
ser tratados en la elaboración onírica como si poseyeran un menor valor, y, en su lugar,
pasan al contenido manifiesto otros que poseían seguramente menos valor en las ideas
latentes. Experimentamos en un principio la impresión de que la intensidad psíquica de
las representaciones carece de toda significación para la selección onírica, rigiéndose
ésta únicamente por la determinación, más o menos multilateral de las mismas. Pudiera
creerse que al sueño manifiesto no pasa aquello que posee mayor importancia en las
ideas latentes, sino tan sólo lo que en ellas se halla múltiplemente determinado.
Pero esta hipótesis no facilita en lo más mínimo la inteligencia de la formación de
los sueños, pues nos resistiremos a creer, en un principio, que los dos factores indicados
-la determinación múltiple y el valor intrínseco- puedan actuar sino en un mismo sentido
sobre la selección onírica, y juzgamos que aquellas representaciones que en el contenido
latente poseen la máxima importancia habrán de ser también las que con mayor
frecuencia retornen en él, dado que constituyen a manera de centros de los que parten las
diversas ideas latentes.
Y, sin embargo, puede el sueño rechazar estos elementos intensamente acentuados
y multilateralmente sustentados y acoger, en su contenido, otros que no poseen sino la
última de tales dos cualidades.
Para resolver esta dificultad recordaremos otra de las impresiones que
experimentamos al investigar la superdeterminación del contenido manifiesto. No nos
extrañaría que algunos de nuestros lectores hubiesen juzgado ya en dicha ocasión que la
superdeterminación de los elementos del sueño no constituía ningún descubrimiento de
importancia, sino algo natural y esperado. En efecto, puesto que en el análisis se parte de
dichos elementos y se anotan todas las asociaciones que el sujeto enlaza a cada uno de
ellos, no es maravilla ninguna que en el material de ideas así reunido retornen los
mismos con especial frecuencia. Rechazando desde luego este juicio expondré aquí algo
a primera vista muy análogo: entre las ideas que el análisis nos descubre, hallamos
algunas muy lejanas al nódulo del sueño y que se comportan como interpolaciones
artificiales encaminadas a un determinado fin. Fácilmente descubrimos éste.
Tales ideas establecen un enlace, a veces harto forzoso y rebuscado, entre el
contenido manifiesto y el latente, y si en el análisis excluyésemos estos elementos, nos
encontraríamos con que faltaba a los elementos del sueño no ya una superdeterminación,
sino una determinación suficiente por las ideas latentes. Llegamos de este modo a la
conclusión de que la múltiple determinación, decisiva para la selección onírica, no es
siempre un factor primario de la elaboración del sueño, sino con frecuencia un resultado
secundario de un poder psíquico que aún desconocemos. De todos modos tiene que ser
muy importante para el paso de los diversos elementos al sueño, pues podemos observar
que cuando no surge espontáneamente y sin ayuda alguna del material onírico es
laboriosamente constituida.
Habremos de pensar, por tanto, que en la elaboración onírica se exterioriza un
poder psíquico que despoja de su intensidad a los elementos de elevado valor psíquico, y
crea, además, por la superdeterminación de otros elementos menos valiosos, nuevos
valores, que pasan entonces al contenido manifiesto. Cuando así sucede habrán tenido
efecto, en la formación del sueño, una transferencia y un desplazamiento de las
intensidades psíquicas de los diversos elementos, procesos de los que parece ser
resultado la diferencia observable entre el texto del contenido manifiesto y el del latente.
El proceso que así suponemos constituye precisamente la parte esencial de la
elaboración de los sueños y le damos el nombre de desplazamiento. El desplazamiento y
la condensación son los dos obreros a cuya actividad hemos de atribuir principalmente la
conformación de los sueños.
No es, a mi juicio, nada difícil reconocer el poder psíquico que se exterioriza en
los hechos del desplazamiento. Resultado de este proceso es que el contenido manifiesto
no se muestra igual al nódulo de las ideas latentes, no reproduciendo el sueño sino una
deformación del deseo onírico inconsciente. Pero la deformación onírica nos es ya
conocida y la hemos referido a la censura que una instancia psíquica ejerce sobre otra en
la vida mental; y el desplazamiento constituye uno de los medios principales para la
consecución de dicha deformación. Is facit cui profuit. Podemos, pues, suponer que el
desplazamiento nace por la influencia de dicha censura, o sea de la defensa
endopsíquica.
En subsiguientes investigaciones nos ocuparemos del desarrollo e influencia
recíproca de los procesos de desplazamiento, condensación y superdeterminación dentro
de la formación de los sueños, y señalaremos cuál es el factor dominante y cuál el
accesorio. Por el momento nos limitaremos a indicar una segunda condición que deben
cumplir los elementos que pasan al contenido manifiesto; la de hallarse libres de la
censura de la resistencia. Con el desplazamiento contaremos ya en adelante, para la
interpretación onírica, como un hecho indiscutible.
c) Los medios de representación del sueño.
Hemos descubierto hasta aquí que en la transformación del material ideológico
latente en contenido manifiesto del sueño actúan dos factores principales: la
condensación y el desplazamiento oníricos. Prosiguiendo nuestra investigación,
habremos de agregar a ellos dos nuevas condiciones que ejercen una indudable
influencia sobre la selección del material constitutivo de dicho contenido manifiesto.
Pero previamente, y aun a riesgo de que parezca que hacemos un alto en nuestro camino,
creo conveniente echar una primera ojeada sobre los procesos que se desarrollan en la
interpretación onírica. No se me oculta que el mejor procedimiento para esclarecer por
completo tal labor interpretadora y poner su eficacia a cubierto de posibles objeciones,
sería tomar como ejemplo un sueño determinado, desarrollar su interpretación en la
forma en que lo hicimos con el sueño de la inyección de Irma, una vez reunidas las ideas
latentes descubiertas reconstruir, partiendo de ellas, la formación del sueño o sea
completar el análisis de los sueños con una síntesis de los mismos. Es ésta una labor que
he realizado más de una vez para mi propia enseñanza, pero no me es posible
emprenderla aquí por impedírmelo numerosas consideraciones referentes al material
psíquico y que todos mis lectores habrán de comprender y aprobar sin dificultad. Para el
análisis no suponen estas consideraciones un tan grave obstáculo, pues la labor analítica
puede quedar incompleta y conservar, sin embargo, todo su valor con tal que nos
permita penetrar algo en la trama del sueño. En cambio, la síntesis tiene que ser
completa si ha de poseer algún valor convincente. Ahora bien: sólo de sueños de
personas totalmente desconocidas al público lector me habría de ser posible dar una tal
síntesis completa. Pero dado que esta posibilidad no me es ofrecida sino por pacientes
neuróticos, habré de aplazar esta parte de la representación del sueño hasta que más
adelante hayamos avanzado en el esclarecimiento de las neurosis lo suficiente para
volver sobre este tema.
Por mis tentativas de reconstruir sintéticamente un sueño partiendo de las ideas
latentes, sé que el material descubierto en la interpretación es de muy diferente valor.
Hállase constituido, en parte, por las ideas latentes esenciales, que de este modo
sustituyen al sueño y bastarían por sí solas para constituir su completa sustitución, si no
existiese la censura. El resto de dicho material suele considerarse como poco importante,
no concediéndose tampoco valor a la afirmación de que todas estas ideas han participado
en la formación del sueño, pues entre ellas pueden más bien encontrarse ocurrencias
enlazadas o sucesos posteriores al mismo, acaecidos entre el momento de su desarrollo y
el de la interpretación. Esta parte del material descubierto comprende todos los caminos
de enlace que han conducido desde el contenido manifiesto hasta las ideas latentes, y
también aquellas asociaciones intermediarias y de aproximación, por media de las cuales
hemos llegado en la labor de interpretación al conocimiento de dichos caminos.
Por el momento no nos interesan sino las ideas latentes esenciales, las cuales
revelan ser casi siempre un complejo de ideas y recuerdos de complicadísima estructura
y con todos los caracteres de los procesos mentales de la vigilia, que nos son conocidos.
Con gran frecuencia son concatenaciones de ideas que parten de diversos centros, pero
que no carecen de puntos de contacto y casi regularmente aparece junto a un proceso
mental su reflejo contradictorio, unido a él por asociaciones de contraste.
Los diversos componentes de esta complicada formación muestran naturalmente
las más variadas relaciones lógicas entre sí, constituyendo el primer término y el último
divagaciones y aclaraciones, condiciones, demostraciones y objeciones. Cuando la masa
total de estas ideas latentes es sometida luego a la presión de la elaboración onírica, bajo
cuyos efectos quedan los diversos fragmentos subvertidos desmenuzados y soldados,
como los témpanos de hielo a la deriva, surge la interrogación de cuál ha sido el destino
de los lazos lógicos que hasta entonces había mantenido la cohesión del conjunto. ¿Qué
representación alcanzan en el sueño los términos «sí, porque, tan, aunque, o… o…» y
todas las demás conjunciones sin las cuales nos es imposible comprender una oración o
un discurso?
La primera respuesta a esta interrogación es la de que el sueño no dispone de
medio alguno para representar estas relaciones lógicas de las ideas latentes entre sí. La
mayor parte de las veces deja a un lado todas las conjunciones señaladas y toma
únicamente para elaborarlo el contenido objetivo de las ideas latentes. A cargo de la
interpretación queda después la labor de reconstruir la coherencia que la elaboración
onírica ha destruido.
La falta de esta capacidad de expresión debe depender del material psíquico con el
que el sueño es elaborado. A una análoga limitación se hallan sometidas las artes
plásticas, comparadas con la poesía, que puede servirse de la palabra, y también en ellas
depende tal impotencia del material por medio de cuya elaboración tienden a exteriorizar
algo. Antes que la pintura llegase al conocimiento de sus leyes de expresión, se
esforzaba en compensar esta desventaja haciendo salir de la boca de sus personajes
filacterias en las que constaban escritas las frases que el pintor desesperaba de poder
exteriorizar con la expresión de sus figuras.
Quizá se nos presente aquí la objeción de que no es exacto que el sueño renuncie a
la representación de las relaciones lógicas, pues existen algunos en los que se desarrollan
las más complicadas operaciones mentales, y en los que se demuestra y se contradice, se
sutiliza y se compara, del mismo modo que en el pensamiento despierto. Pero también
aquí nos engaña una falsa apariencia. Cuando emprendemos la interpretación de tales
sueños, averiguamos que todo ello es material onírico y no representación de una labor
intelectual en el sueño. Lo que el aparente pensar del sueño reproduce es el contenido de
las ideas latentes y no las relaciones de dichas ideas entre sí, en cuya fijación es en lo
que consiste el pensamiento. Más adelante expondré algunos ejemplos que ilustrarán
estas afirmaciones. Lo que desde luego es fácilmente comparable es que todos los
discursos orales que en el sueño aparecen (y son expresamente calificados de tales por el
sujeto) son siempre reproducciones exactas o sólo ligeramente modificadas de discursos
reales, cuyo recuerdo forma parte del material onírico. El discurso no es con frecuencia
sino una alusión a un suceso contenido en las ideas latentes, siendo muy otro el sentido
del sueño.
De todos modos, no he de discutir que en la formación de los sueños interviene
también una labor intelectual crítica que no se limita a repetir materiales de los
productos oníricos. Al final de estas consideraciones habré de esclarecer la influencia de
este factor y entonces veremos que tal labor intelectual no es provocada por las ideas
latentes, sino por el sueño mismo, ya constituido en cierto modo.
Queda, pues, fijado, por el momento, que las relaciones lógicas de las ideas
latentes entre sí no encuentran en el sueño una representación especial. Allí donde el
sueño muestra, por ejemplo, una contradicción, lo que existe es una oposición contra el
sueño mismo o una contradicción surgida del contenido de una de las ideas latentes.
Sólo de una manera muy indirecta corresponde una contradicción en el sueño a una
contradicción entre las ideas latentes.
Pero así como la pintura ha conseguido representar de un modo distinto al
primitivo de la filacteria, la intención, por lo menos, de lo que sus figuras habrían de
expresar en palabras -ternura, amenaza, consejo, etc.-, también posee el sueño la
posibilidad de atender a algunas de las relaciones lógicas de sus ideas latentes por medio
de una apropiada modificación de la peculiar representación onírica. Puede comprobarse
que esta facultad varía mucho en los diversos sueños. Mientras que unos prescinden por
completo del enlace lógico de sus materiales, intentan otros modificarlo lo más
completamente posible. El sueño se aleja en este punto muy diversamente del texto que
le es ofrecido para su elaboración, comportándose asimismo de un modo igualmente
variable con respecto a la relación temporal de las ideas latentes cuando en lo
inconsciente existe establecida una tal relación (cf. el sueño de la inyección de Irma).
Mas ¿con qué medios consigue la elaboración del sueño indicar tales relaciones
del material onírico, difícilmente representables? Intentaremos enumerarlos.
En primer lugar, rinde su tributo a la innegable coherencia de todos los elementos
del contenido latente, reuniéndolos en una síntesis, situación o proceso. Reproduce la
coherencia lógica como simultaneidad, y obrando así procede como el pintor que al
representar en un cuadro la Escuela de Atenas o el Parnaso reúne en su obra a un grupo
de filósofos o poetas que realmente no se encontraron nunca juntos en un atrio o sobre
una montaña, como el artista nos lo muestra, pero que constituyen, para nuestro
pensamiento, una comunidad. Es éste el procedimiento general de representación del
sueño. Así siempre que nos muestra dos elementos próximos uno a otro, nos indica con
ello la existencia de una íntima conexión entre los que a ellos corresponden en las ideas
latentes. Sucede aquí lo que en nuestro sistema de escritura: cuando escribimos ab
indicamos que las dos letras han de ser pronunciadas como una sola sílaba; mas si
vemos escrito primero a y luego b después de un espacio libre, lo consideraremos como
indicación de que a es la última letra de una palabra y b la primera de otra.
Comprobamos pues, que las combinaciones oníricas no se constituyen con elementos
totalmente arbitrarios y heterogéneos del material del sueño, sino con aquellos que
también se hallan íntimamente ligados en las ideas latentes.
Para representar las relaciones causales dispone el sueño de dos procedimientos
que en esencia vienen a ser la misma cosa. La forma de representación más corriente,
cuando, por ejemplo, presentan las ideas latentes el siguiente contenido: «A causa de
tales o cuales cosas tuvo que suceder ésto o lo otro», consiste en incluir la frase
accesoria como sueño preliminar y agregar a ella, como sueño principal, la frase
principal. El orden de sucesión puede también ser el inverso, pero la frase principal
corresponde siempre a la parte más ampliamente desarrollada.
A una de mis pacientes debo un bello ejemplo de tal representación de la
casualidad en un sueño que más adelante comunicaré en su totalidad. Componíase este
sueño de un corto preludio y un amplio sueño sucesivo, muy centrado, al que podríamos
dar el título de «Por la flor». El sueño preliminar fue como sigue: «Va a la cocina, en la
que se hallan las dos criadas, y las regaña por no haber terminado de hacer `ese poco de
comida'. Mientras tanto, ve una gran cantidad de groseros utensilios de cocina puestos
boca abajo a escurrir y formando un montón. Las dos criadas van por agua. Para ello
tienen que meterse en un río que llega hasta la casa o entra en el patio.»
A continuación se desarrolla el sueño principal, que comienza en la siguiente
forma: «La sujeto baja desde un elevado lugar, avanzando por una singular pasarela y se
regocija de que sus vestidos no queden enganchados en ningún sitio…» El sueño
preliminar se refiere a la casa paterna de la sujeto. Las palabras que ésta dirige a las
criadas las ha debido de oír, sin duda, a su madre en ocasión análoga. El montón de
bastos utensilios de cocina procede del recuerdo de la cacharrería que existía establecida
en la misma casa. La segunda parte del primer sueño contiene una alusión al padre de la
sujeto, el cual acostumbraba interesarse demasiado por las criadas, y que murió a
consecuencia de una enfermedad contraída en una inundación; la casa se hallaba situada
a orillas de un río. Así, pues, el pensamiento que se oculta detrás del sueño preliminar es
el siguiente: «Por proceder yo de una tan humilde e insatisfactoria condición…» El
sueño principal recoge este mismo pensamiento y lo expresa en una forma modificada
por la realización de deseos: soy de elevada procedencia. En realidad, pues, por ser de
tan baja procedencia, ha sido ésta mi vida.
Por lo que hasta ahora he podido ver, la división de un sueño en dos partes
desiguales no significa siempre la existencia de una relación causal entre las ideas
correspondientes a cada una de las mismas. Con gran frecuencia, parece como si en
ambos sueños fuese representado el mismo material desde dos diferentes puntos de
vista. Esto es lo que sucede seguramente en aquellas series de sueños sucesivos de una
misma noche, que terminan en una polución, y a través de los cuales va conquistándose
la necesidad somática, una expresión cada vez más clara. Puede también suceder que los
dos sueños proceden de centros distintos del material onírico, cruzándose sus
contenidos, de manera que uno de ellos presenta como centro aquello que en el otro
actúa como indicación, y recíprocamente. En cambio, existen otros casos en los que la
división en un breve sueño preliminar y un más extenso sueño ulterior significa
realmente la existencia de una relación causal entre ambos fragmentos. El segundo
procedimiento de representación a que antes nos referimos es puesto en práctica cuando
el material dado presenta una menor amplitud, y consiste en que una imagen onírica -de
una persona o de una cosa-queda transformada en otra. Pero sólo cuando vemos
desarrollarse en el sueño esta transformación es cuando podemos afirmar la existencia
de la relación causal, y no, en cambio, cuando observamos simplemente que en lugar de
una imagen ha surgido otra. Dijimos antes que los dos procedimientos empleados por el
sueño para representar la relación causal venían a ser, en el fondo, una misma cosa.
Ambos representan, efectivamente la causación por una sucesión. El primero, por la
sucesión de los sueños, y él segundo, por la transformación inmediata de una imagen en
otra. De todos modos, lo general es que la relación causal no obtenga representación
especial alguna, quedando envuelto en la obligada sucesión de los elementos del proceso
onírico.
La alternativa «o… o» (o esto o aquello) no encuentra representación ninguna en
el sueño, el cual acostumbra acoger todos los elementos que la componen,
despojándolos de su carácter alternativo. El sueño de la inyección de Irma nos da un
clásico ejemplo de esta conducta del fenómeno onírico. El contenido de las ideas
latentes de este sueño es como sigue: no soy responsable de que Irma no experimente
mejoría alguna en sus sufrimientos; ello depende o de su resistencia a aceptar mi
solución o de las desfavorables circunstancias sexuales en que vive (y que no me es
posible modificar) o de que su enfermedad no es de naturaleza histérica, sino orgánica.
Pero el sueño realiza todas estas posibilidades, casi incompatibles, e incluso no vacila en
añadir a ellas otras más, tomándolas del deseo onírico. La alternativa hemos tenido pues,
que introducirla nosotros en el conjunto de las ideas latentes después de la
interpretación.
Así, pues, allí donde el sujeto del sueño introduce en el relato del mismo una
alternativa: era un jardín o una habitación, etc. , no muestra el sueño tal alternativa, sino
simplemente una yuxtaposición, y lo que al introducir la alternativa queremos significar
en nuestro relato del sueño es la vaguedad e imprecisión de un elemento del mismo. La
regla de interpretación aplicable a este caso consiste en situar en un mismo plano los
diversos miembros de la aparente alternativa y unirlos con la conjunción copulativa «y».
Veamos un ejemplo: después de esperar en vano durante algún tiempo que un amigo
mío me comunicase las señas de su hospedaje en Italia, sueño recibir un telegrama en el
que me las indica, viéndolas yo impresas en tinta azul sobre la blanca cinta telegráfica.
La primera palabra aparece muy borrosa y puede ser:
o vía
o villa, la segunda palabra, clara, es Sezerno.
o incluso (casa).
La segunda palabra; de sonido italiano y que me recuerda nuestras discusiones
etimológicas, expresa también mi enfado por haberme mantenido oculto mi amigo su
paradero durante tanto tiempo. Cada uno de los miembros de la terna propuesta para la
primera palabra se revela en el análisis como un punto de partida independiente e
igualmente justificado, de la concatenación de ideas.
En la noche anterior al entierro de mi padre sueño ver un anuncio impreso -
semejante a los que en las salas de espera de las estaciones recuerdan la prohibición de
fumar-, en el que se lee la frase siguiente:
Se ruega cerrar los ojos.
O esta otra:
Se ruega cerrar un ojo.
Esta alternativa la podemos representar así:
los
Se ruega cerrar ojo (s).
un
Cada uno de los dos textos posee un sentido particular y nos lleva, en la
interpretación, por caminos que le son peculiares. Para el entierro y los funerales de mi
padre había yo elegido el ceremonial más sencillo posible, pues sabía cuáles eran sus
ideas sobre este punto. Pero otras personas de mi familia no estaban conformes conmigo
y opinaban que tan puritana sencillez había de avergonzarnos ante los concurrentes al
duelo. Por esta razón, ruega uno de los textos del sueño «que se cierre un ojo», o sea,
según el sentido de esta frase familiar, que seamos indulgentes para con las debilidades
de los demás. El significado de la vaguedad que al relatar el sueño describimos con una
alternativa resulta aquí fácilmente comprensible. La elaboración onírica no ha
conseguido hallar un texto único, pero de doble sentido, para la expresión de las ideas
latentes, y de este modo se separan ya en el contenido manifiesto las dos principales
series de ideas.
Las alternativas, difícilmente representables, quedan también expresadas, en
algunos casos, por la división del sueño en dos partes de igual amplitud.
La conducta del sueño con respecto a la antítesis y la contradicción es altamente
singular. De la contradicción prescinde en absoluto, como si para él no existiese el «no»,
y reúnen en una unidad las antítesis o las representa con ella. Asimismo se toma la
libertad de representar un elemento cualquiera por el deseo contrario a él, resultando
que, al enfrentarnos con un elemento capaz de ser contrario, no podemos saber nunca, al
principio, si se halla contenido positiva o negativamente en las ideas latentes. En uno de
los ejemplos últimamente citados, cuyo fragmento preliminar interpretamos («por
proceder de tan humilde condición»), desciende la sujeto por unas singulares pasarelas,
llevando en la mano una rama florida. Dado que las asociaciones que a esta imagen
enlaza la sujeto son la figura del ángel que en las pinturas de la Anunciación aparece
ante (la Virgen la sujeto se llama María) con una vara de azucenas en la mano, y el
recuerdo de las niñas vestidas de blanco que acompañan a la procesión de Corpus Christi
por las calles tapizadas de verdes ramas, habremos de deducir que la florida rama de su
sueño constituye, sin duda alguna, una alusión a la inocencia sexual. Pero tal rama
aparece cuajada de flores encarnadas, muy semejante a camelias. La combinación del
sueño muestra que al llegar la sujeto al final de su descenso se han deshojado ya casi
todas las flores. Luego siguen claras alusiones al período. De este modo, la misma rama,
llevada como una vara de azucenas y como por una muchacha inocente, es,
simultáneamente, una alusión a la «dama de las camelias», que, como es sabido, se
adornaba siempre con una de estas flores, blanca de ordinario y roja durante los días del
período. La florida rama («las flores de la muchacha», en `des Mädchens Blüten' de
Goethe) representa, pues, al mismo tiempo la inocencia sexual y su antítesis. Y este
mismo sueño que expresa la alegría de la sujeto por haber conseguido conservarse
inmaculada en su camino, deja también trasparentarse en algunos lugares (como en el
deshojarse de las flores) un pensamiento contrario: el de haberse hecho culpable de
diversos pecados contra la pureza (durante su infancia). En el análisis de éste sueño nos
es fácil diferenciar claramente ambos procesos mentales, de los cuales el satisfactorio y
consolador parece ser más superficial, y, en cambio, más profundo el que entraña un
reproche. Ambos son radicalmente opuestos, y sus elementos iguales, pero contrarios,
han quedado representados en el sueño por los mismos factores.
Tan sólo una de las relaciones lógicas -la de analogía, coincidencia o contactoaparece
acomodable a los mecanismos de la formación onírica, pudiendo así quedar
representada en el sueño por medios mucho más numerosos y diversos que ninguna otra.
Las coincidencias o analogías existentes en el sueño constituyen los primeros puntos de
apoyo de la formación de los sueños, y una parte nada insignificante de la elaboración
onírica consiste en crear nuevas coincidencias de este género cuando las existencias no
pueden pasar al sueño por oponerse a ello la resistencia de la censura. La tendencia a la
condensación, característica de la elaboración onírica, presta también su ayuda para la
representación de la relación de analogía.
La analogía, la coincidencia y la comunidad son representadas generalmente por
el sueño mediante la síntesis, en una unidad, de los elementos que las componen.
Cuando esta unidad no existe de antemano en el material del sueño, es creada al efecto.
En el primer caso, hablamos de identificación, y en el segundo, deformación mixta. La
identificación es utilizada cuando se trata de personas, y la formación mixta, cuando los
elementos que han de ser fundidos en una unidad son objetos. No obstante, también
quedan constituidas formaciones mixtas de personas. Del mismo modo que éstas, son
tratados con frecuencia por el sueño los lugares.
La identificación consiste en que sólo una de las personas enlazadas por una
comunidad pasa a ser representada en el contenido manifiesto, quedando las restantes
como reprimidas para el sueño. Pero en el sueño, esta persona que encubre las otras
entra tanto en aquellas relaciones y situaciones que le son propias como en las
correspondientes a cada una de las demás. Cuando la formación mixta se extiende a las
personas muestra ya la imagen onírica rasgos que pertenecen a las personas por ella
representadas, pero que no les son comunes, quedando así determinada, por la reunión
de tales rasgos, una nueva unidad, una persona mixta. Esta mezcla puede realizarse de
muy varios modos. La persona onírica puede llevar el nombre de una de aquellas a las
que representa -y en este caso «sabemos» en el sueño de qué persona se trata, en una
forma análoga a nuestro «saber» en la vida despierta-, presentando, en cambio, los
rasgos visuales de otra, o también puede aparecer compuesta la imagen onírica de rasgos
pertenecientes a ambas personas. La participación de la segunda persona puede
asimismo quedar representada, en lugar de por rasgos visuales, por los ademanes que se
atribuyen a la primera, las palabras que se colocan en sus labios o la situación en que se
la incluye. En este último caso, comienza a borrarse la definida diferencia existente entre
identificación y formación mixta. Pero también puede suceder que fracase la formación
de tal persona mixta y entonces es atribuida la escena del sueño a una de las personas, y
la otra -generalmente más importante- aparece a su lado, pero sin intervenir para nada en
la acción y realizando mero acto de presencia. Al relatar tales sueños dice, por ejemplo,
el sujeto: «Mi madre estaba también presente» (Stekel). Tales elementos del contenido
manifiesto pueden entonces compararse a los determinativos de la escritura jeroglífica,
signos no destinados a la pronunciación, sino a determinar a otros.
La comunidad que justifica y, por tanto, crea la unificación de las dos personas,
puede hallarse o no representada en el sueño. Lo general es que la identificación o la
formación de persona mixta sirva precisamente para ahorrar la representación de dicha
comunidad. Así, en lugar de repetir: A es enemigo mío y B también, construimos en el
sueño una persona mixta con las de A y B o nos representamos a A en un acto que
caracteriza a B. La persona onírica así constituida se nos muestra en el sueño dentro de
una nueva relación cualquiera, y la circunstancia de representar a A como B nos da
derecho a incluir, en el lugar correspondiente de la interpretación, aquello que es común
a ambas, o sea su hostilidad hacia mí. De este modo conseguimos con frecuencia una
extraordinaria condensación del contenido onírico, pues podemos ahorrarnos la
representación de circunstancias complicadísimas enlazadas a una persona cuando
hallamos otra que participa también en ellas, pero en un grado mucho menor. Fácilmente
se ve hasta qué punto puede servir también esta identificación para eludir la censura de
la resistencia que tan duras condiciones impone a la elaboración de los sueños. Así
cuando lo que repugna a la censura reposa precisamente en aquellas representaciones
enlazadas, dentro del material onírico, a una de las personas y hallamos otra que,
encontrándose también en relación con el material rechazado, lo está tan sólo con una
parte del mismo. El contacto en los puntos no libres de censura nos da derecho a
constituir una persona mixta, caracterizada, en ambas direcciones, por rasgos
indiferentes. Esta persona mixta y de identificación resulta entonces apropiada, por estar
libre de censura, para pasar al contenido manifiesto, y de este modo habremos
satisfecho, mediante el empleo de la condensación, las exigencias de la instancia
censora.
Cuando en el contenido manifiesto de un sueño hallamos representada una
comunidad de las dos personas, habremos de interpretarlo como una indicación de la
existencia de otra comunidad oculta cuya representación no ha sido permitida por la
censura. En estos casos ha tenido efecto, en cierto modo, un desplazamiento de la
comunidad en favor de la representabilidad. Del hecho de sernos mostrada la persona
mixta en el sueño, con un elemento común indiferente, debemos deducir la existencia de
otra comunidad, nada indiferente esta vez en las ideas latentes.
La identificación o la formación de personas mixtas sirve, por tanto, en el sueño
para diversos fines: 1º Para la representación de una comunidad de las dos personas. 2º
Para la representación de una comunidad de desplazada. 3º Para expresar una comunidad
simplemente deseada. Dado que el deseo de que entre dos personas exista o quede
establecida una comunidad coincide frecuentemente con un intercambio de las mismas,
es expresado también en el sueño tal deseo por medio de la identificación. En el sueño
de la inyección de Irma deseo cambiar a esta paciente por otra; esto es, deseo que otra
persona llegue a incluirse, como Irma, en el número de mis pacientes. El sueño atiende
este deseo, mostrándome una persona que se llama Irma, pero que es sometida a un
reconocimiento médico en circunstancias correspondientes exclusivamente a la otra. En
el sueño del amigo, que es mi tío, queda constituido este intercambio en centro del sueño
y me identifico con el ministro, tratando y juzgando tan adversamente como él a mis
colegas.
Sin excepción alguna, he podido comprobar que en todo sueño interviene la
propia persona del sujeto. Los sueños son absolutamente egoístas. Cuando en el
contenido manifiesto no aparece nuestro yo y sí únicamente una persona extraña,
podemos aceptar sin la menor vacilación que se ha ocultado por identificación detrás de
dicha persona y habremos de agregarlo al sueño. En cambio, otras veces que nuestro yo
aparece en el contenido manifiesto, la situación en que se nos muestra incluido nos
indica que detrás de él se esconde por identificación otra persona. Con esto nos advierte
el sueño que en la interpretación deberemos transferir a nosotros algo referente a dicha
otra persona y que nos es común con ella. Hay, por último, sueños en los que nuestro yo
aparece entre otras personas, las cuales revelan ser, una vez solucionada la
identificación, otras tantas representaciones suyas. Al interpretar estos casos habremos
de enlazar a nuestro yo deduciendo de tales identificaciones determinadas
representaciones a las que la censura ha puesto el veto. Así, pues, podemos representar
múltiplemente nuestro yo en el sueño, directamente una vez, y otras mediante su
identificación con personas distintas. Por medio de unas cuantas identificaciones de este
género puede obtenerse la condensación de un abundantísimo material.
Las identificaciones de lugares de nombre determinado son aún más sencillas de
solucionar que las de personas, pues falta en ellas la perturbación que siempre
introducen en el sueño las poderosas energías del yo. En uno de mis sueños de Roma sé
que me encuentro en esta ciudad, pero me asombra ver en una esquina numerosos
carteles anunciadores redactados en alemán. Esta última imagen constituye una
realización de deseos, a la que asocio en seguida Praga. El deseo en sí procede de un
juvenil período de nacionalismo. Días antes de este sueño me había propuesto un amigo
mío encontrarnos en Praga. La identificación de Roma y Praga se explica, pues, por una
comunidad deseada. Quisiera reunirme con mi amigo en Roma mejor que en Praga, e
intercambiar estas ciudades para nuestro encuentro.
La posibilidad de crear formaciones mixtas es uno de los factores que más
contribuyen a dar el sueño su frecuente carácter fantástico, pues con tales formaciones
pasan al contenido manifiesto elementos que no pudieron ser jamás objetos de
percepción.
d) El cuidado de la representabilidad.
La investigación de cómo representa el sueño las relaciones dadas entre las ideas
latentes ha constituido hasta aquí nuestro principal objeto: más, sin embargo, nos hemos
extendido en varias ocasiones a considerar el problema de cuáles son las
transformaciones que la constitución de los sueños impone, en general, al material
onírico. Sabemos ya que este material, despojado de casi todas sus relaciones,
experimenta una comprensión, en tanto que la acción simultánea de desplazamiento de
intensidad entre sus elementos le impone una transmutación de su valor psíquico. Los
desplazamientos que hasta ahora hemos examinado demostraron ser sustituciones de una
representación determinada por otra asociativamente contigua a ella y se revelaron como
muy útiles para la condensación, permitiendo que en lugar de dos elementos pasase al
contenido manifiesto uno solo intermedio común entre ellos. Pero el proceso de
desplazamiento puede también revestir una forma distinta que aún no hemos
mencionado y que, según nos muestra el análisis, se manifiesta en una permuta de la
expresión verbal de las ideas correspondientes. Trátase siempre del mismo proceso -un
desplazamiento a lo largo de una cadena de asociaciones-, pero desarrollado en esferas
diferentes, y su resultado es que en el primer caso queda constituido un elemento por
otro, y en el segundo, cambia un elemento su expresión verbal por otra distinta.
Este segundo género del desplazamiento que se desarrolla en la formación de los
sueños presenta, desde luego, un gran interés teórico y es, además, particularmente
apropiado para esclarecer la apariencia de fantástico absurdo con la que el sueño se
disfraza. El desplazamiento se realiza siempre en el sentido de sustituir una expresión
incolora y abstracta de las ideas latentes por otra plástica y concreta. No es difícil
comprender la utilidad y con ella el propósito de esta sustitución. Lo plástico es
susceptible de representación en el sueño y puede ser incluido en una situación en tanto
que la expresión abstracta ofrecería a la representación onírica dificultades análogas a
las que hallaríamos al querer ilustrar un artículo de fondo de un diario político. Pero tal
cambio de expresión no favorece únicamente la representatividad, sino que resulta
también ventajoso para la condensación y la censura. Una vez que la idea latente
abstractamente expresada e inutilizable en esta forma es trasladada a un lenguaje
político, se producen más fácilmente que antes entre tal idea en su nueva forma
expresiva y el restante material onírico, aquellos contactos e identidades de que la
elaboración precisa, hasta el punto de crearlos cuando no los encuentra dados de
antemano, pues los términos concretos son en todo idioma y a consecuencia de su
desarrollo más ricos en conexiones que los abstractos. Podemos, pues, representarnos
que gran parte de aquella labor intermedia que en la formación de los sueños tiende a
reducir las diversas ideas latentes a una expresión unitaria y breve en lo posible queda
realizada en esta forma por medio de una adecuada modificación verbal de los distintos
elementos latentes. Aquella idea cuya expresión hubiera de permanecer invariada por
una razón cualquiera ejercería una influencia de distribución y selección sobre las
posibilidades de expresión de la otra, y esto quizá desde un principio, como sucede en la
labor del poeta. Los versos consonantes de una composición rimada han de satisfacer
dos condiciones: expresar el sentido que les corresponda y hallar para él una expresión
que contenga la rima. Las mejores poesías son aquellas en las que no se advierte la
intención de hallar la rima, habiendo escogido de antemano ambos pensamientos por
inducción recíproca una expresión verbal, que mediante una ligera elaboración ulterior
haga surgir la consonancia.
La permuta de la expresión verbal favorece en algunos casos la condensación
onírica por un camino aún más corto hallando un giro equívoco susceptible de
proporcionar expresión a más de una de las ideas latentes. De este modo resulta
aprovechable para la elaboración de los sueños todo el sector del chiste verbal. Esta gran
importancia que la palabra nos revela poseer para la formación de los sueños no es cosa
que deba asombrarnos. La palabra, como punto de convergencia de múltiples
representaciones, es, por decirlo así, un equívoco predestinado, y las neurosis (fobias,
representaciones obsesivas) aprovechan, con igual buena voluntad que el sueño, las
ventajas que la misma les ofrece para la condensación y el disfraz. No es difícil
demostrar que el desplazamiento de la expresión resulta también favorable al disfraz de
los sueños, pues siempre induce en error el que una palabra de doble sentido sustituya a
dos de uno solo, y la sustitución de la tímida forma expresiva cotidiana por otra, plástica,
detiene nuestra comprensión, sobre todo cuando, como sucede en el sueño, no hay nada
que nos indique si los elementos dados han de ser interpretados literalmente o en un
sentido indirecto, ni si por mediación de giros usuales intercalados al material del sueño.
Ante la interpretación de un elemento onírico es, en general, dudoso:
a) Si debe ser tomado en sentido positivo o negativo (relación antinómica).
b) Si debe ser interpretado históricamente (como reminiscencia).
c) Simbólicamente.
d) O si debemos utilizar, para nuestra interpretación, su sentido literal.
A pesar de esta multiplicidad de sentidos, puede decirse que las representaciones
de la elaboración onírica, que no pretenden ser comprendidas, no plantean al traductor
mayores dificultades que los antiguos jeroglíficos a sus lectores.
En el presente trabajo hemos expuesto ya repetidos ejemplos de representaciones
oníricas enlazadas únicamente por el doble sentido de la expresión («La boca se abre
bien», en el sueño de la inyección de Irma. «No puedo irme (andar) todavía», en el
últimamente citado, etc.). Comunicaré ahora un sueño en cuyo análisis desempeña un
papel más importante la representación plástica de las ideas abstractas. La diferencia
entre esta interpretación onírica y la que se realiza por medio del simbolismo, como en
la antigüedad, puede determinarse con toda precisión. En la interpretación simbólica, la
clave de la simbolización es elegida por el interpretador, mientras que en nuestros casos
de disfraz idiomático son tales claves generalmente conocidas y aparecen dadas por una
fija costumbre del lenguaje. Disponiendo en la ocasión precisa de la ocurrencia exacta,
se hace posible interpretar total o fragmentariamente estos sueños sin recurrir para nada
al sujeto.
Una señora amiga mía tiene el siguiente sueño: «Está en la ópera. Se representa
una obra de Wagner que ha durado hasta las siete y cuarto de la mañana. El patio de
butacas está lleno de mesas en las que comen y beben los espectadores. A una de ellas se
halla sentado, con su mujer, un primo suyo, que acaba de regresar del viaje de novios.
Junto a ellos, un aristócrata. De éste se sabe que la recién casada se lo ha traído de su
viaje, franca y abiertamente, como quien se trae un sombrero o un recuerdo de los
lugares visitados. En el centro del patio de butacas se alza una alta torre que sustenta una
plataforma rodeada de una verja de hierro. Allí arriba, el director de orquesta, cuyo
rostro es el de Hans Richter, corre sin descanso de un lado para otro detrás de la verja,
suda copiosamente y dirige a los músicos, agrupados abajo en derredor de la base de la
torre. La sujeto está sentada en un palco con una amiga (conocida mía). Su hermana
menor quiere alcanzarle desde el patio de butacas un gran pedazo de carbón, alegando
que no había sabido que iba a durar tanto tiempo y se helaba ahora miserablemente.
(Como si durante la larga representación tuviera que ser alimentada la calefacción de los
palcos.)»
Se trata, como puede verse, de un sueño harto desatinado, aunque bien concretado
en una situación. Sus dos mayores absurdos son la torre que se alza en medio del patio
de butacas y desde cuya cima dirige el músico la orquesta, y el trozo de carbón que la
hermana de la sujeto alcanza a ésta. Intencionadamente, no sometí este caso al análisis
en la forma acostumbrada, y con sólo cierto conocimiento de las circunstancias
personales de la sujeto del sueño me fue posible interpretar fragmentos aislados del
mismo. Me era sabido que la sujeto había sentido una extraordinaria inclinación hacia un
músico, cuya carrera hubo de quedar prematuramente interrumpida por una enfermedad
mental. Me decidí, pues, a interpretar literalmente la torre. De ello resulta que el hombre
al que ella hubiera querido ver en el lugar de Hans Richter se halla en una muy elevada
posición como expresión considerada como un producto mixto por oposición. Su
basamento representa la grandeza del hombre al que los pensamientos de la sujeto se
refieren, y la verja de su parte superior, detrás de la cual corre el mismo de un lado para
otro, como un prisionero o un animal enjaulado (alusión al nombre del desdichado
enfermo), su triste destino ulterior. «Narrenturm» (literalmente, «torre de locos») sería
quizá la palabra en que hubieran podido reunirse los dos pensamientos.
Después de haber descubierto de este modo la forma de representación elegida por
el sueño, podría intentarse solucionar, mediante la misma clave, el segundo absurdo;
esto es, el carbón que la hermana le alcanza. «Carbón» tenía que significar «amor
secreto».
Ningún fuego ni carbón ninguno
quema tan ardientemente
como el amor secreto,
del que nadie sabe nada.
(Canción popular alemana.)
Tanto ella como su amiga se habían quedado sentadas (giro alemán `Sitzen
geblieben' de sentido equivalente al castellano «quedarse para vestir imágenes»). La
hermana menor, que tiene aún probabilidades de casarse, le alcanza el carbón «porque
no había sabido que iba a durar tanto tiempo». El sueño no nos dice el qué. En un relato
completaríamos nosotros la frase, agregando: la representación; pero en el sueño
tenemos que atender a la expresión verbal en sí y reconocerla como de doble sentido,
añadiendo: «su soltería». La interpretación «amor secreto» queda entonces confirmada
por la mención del primo de la durmiente que se halla con su mujer en el patio de
butacas, y por las públicas relaciones amorosas atribuidas a la recién casada. Las
antinomias entre amor secreto y amor público, entre el ardor de la sujeto y la frialdad de
la joven esposa, constituyen el elemento dominante de todo el sueño. En los dos
términos de estas antinomias encontramos, además, a una «persona de elevada posición»
como expresión intermedia entre el aristócrata y el músico, en el que se fundaban
justificadamente grandes esperanzas.
Las observaciones que anteceden nos descubren, por fin, un tercer factor, cuya
participación en la transformación de las ideas latentes en contenido manifiesto debe
estimarse harto importante. Este factor es el cuidado de la representabilidad por medio
del material psíquico peculiar de que el sueño se sirve, o sea casi siempre por medio de
imágenes visuales. Entre las diversas conexiones accesorias a las ideas latentes
esenciales, será preferida aquella que permita una representación visual y la elaboración
onírica no rehuirá el trabajo de fundir primero en una distinta forma verbal -por
desacostumbrada que ésta sea- la idea abstracta irrepresentable plásticamente, si con ello
ha de conseguir darle una representación y poner término al ahogo psicológico del
pensamiento obstruido. Este vaciado del contenido ideológico en otra forma distinta
puede también ponerse simultáneamente al servicio de la labor de condensación y crear
conexiones, que de otro modo no existirían, con una idea diferente, la cual puede a su
vez haber cambiado de antemano su forma expresiva en favor del mismo propósito.
Herbert Silberer ha indicado un excelente procedimiento para observar
directamente la transformación de ideas en imágenes que tiene efecto en la formación de
los sueños, y estudiar así aisladamente este factor de la elaboración onírica. Cuando
hallándose fatigado y adormecido se imponía un esfuerzo mental, le sucedía con
frecuencia que la idea buscada se le escapaba y surgía, en cambio, una imagen en la que
podía reconocer una sustitución de la misma. Silberer da a esta sustitución el calificativo
-no muy apropiado- de «autosimbólica». Quiero reproducir aquí alguno de los ejemplos
citados por este autor, ejemplos sobre los cuales habré de retornar más adelante, a causa
de determinadas cualidades de los fenómenos en ellos observados:
«Ejemplo número 1. Pienso en que tengo que suavizar el estilo, un poco áspero,
de algunos párrafos de un artículo.
Símbolo. -Me veo cepillando un trozo de madera.
Ejemplo número 5. Intento hacerme presente el objeto de ciertos estudios
metafísicos, que me propongo emprender.
A mi juicio, la utilidad de tales estudios consiste en que la investigación de las
causas finales va abriendo camino al investigar hasta formas de consciencia o capas de
existencia cada vez más elevadas.
Símbolo. -Introduzco un largo cuchillo por debajo de una tarta como para
servirme un pedazo.
Interpretación. -Mi movimiento con el cuchillo significa el «abrirse camino» de
que en mi pensamiento se trata… La base en que este símbolo se funda es la siguiente:
en la mesa suelo encargarme alguna vez de cortar y servir a los demás una tarta,
utilizando para ello un largo cuchillo flexible, cosa que requiere cierto cuidado. Sobre
todo, resulta difícil extraer limpiamente los pedazos una vez cortados, y el cuchillo tiene
que ser exactamente introducido por debajo de cada uno de ellos (el lento «abrirse paso»
para llegar a los fundamentos). Pero aún entraña la imagen más amplio simbolismo. La
tarta del símbolo era de aquellas que se hallan compuestas de varias capas de hojaldre,
alternando con otras de dulce, o sea una tarta en la que el cuchillo tiene que penetrar al
cortarla a través de diferentes capas (las capas de la consciencia y el pensamiento).
Ejemplo número 9. Pierdo el hilo de mis pensamientos en un determinado proceso
mental. Me esfuerzo en volverlo a hallar, pero tengo que reconocer que el punto de
enlace se me ha escapado por completo.
Símbolo. -Un párrafo escrito al que faltan las últimas líneas.»
Conociendo el papel que en la vida mental de los hombres cultos desempeñan los
chistes, citas, poesías y proverbios, no ha de extrañarnos que para la representación de
las ideas latentes sean utilizados con gran frecuencia disfraces de este género. ¿Qué
representan, por ejemplo, en un sueño varios carros cargados cada uno con una
legumbre diferente? No es difícil adivinar que tal imagen expresa el deseo contrario al
significado de la frase hecha Kraut und Rüben que entraña la idea de «revoltijo» y
significa, por tanto, «desorden», me sorprende que este sueño me ha sido comunicado
sólo una vez. Sólo para escasas materias se ha formado un simbolismo onírico de
validez general sobre la base de sustituciones de palabras y alusiones generalmente
conocidas. La mayor parte de este simbolismo es, además, común al sueño, a la
psiconeurosis, a las leyendas y los usos populares.
Un más detenido examen de esta cuestión nos fuerza a reconocer que la
elaboración onírica no realiza con este género de sustituciones nada original. Para la
consecución de su fin -la representabilidad exenta de censura, en este caso no hace sino
seguir los caminos que encuentra ya trazados de antemano en el pensamiento
inconsciente, prefiriendo aquellas transformaciones del material reprimido, que pueden
llegar también a hacerse conscientes a título de chistes y alusiones, y de las que aparecen
colmadas todas las fantasías de los neuróticos. De este modo se nos hacen comprensibles
las interpretaciones oníricas de Scherner, cuyo nódulo de verdad defendimos ya en otro
lugar de este libro. Las fantasías sobre el propio cuerpo del sujeto no son, en modo
alguno, privativas ni siquiera características del sueño. Mis análisis me han demostrado,
por el contrario, que constituyen un proceso general del pensamiento inconsciente de los
neuróticos y se derivan de la curiosidad sexual, cuyo objeto son para el joven o la
muchacha los órganos genitales, tanto los del propio sexo como los del contrario. Pero,
como ya lo hacen resaltar muy acertadamente Scherner y Volkelt, no es la casa el único
círculo de representaciones que el sueño y las fantasías inconscientes de la neurosis
utilizan para la simbolización del cuerpo. Conozco, desde luego, pacientes que han
conservado el simbolismo arquitectónico del cuerpo y de los genitales (el interés sexual
sobrepasa con exceso el terreno de los genitales exteriores), y para los cuales las
columnas y los pilares representan las piernas (como en el Cantar de los cantares); cada
puerta, una de las aberturas del cuerpo («agujero»); las cañerías, el aparato vesical, etc.
Pero también el círculo de representaciones de la vida vegetal o el de la cocina son
empleados para el encubrimiento de imágenes sexuales. En el primero de estos círculos
de representaciones hallamos elaborados ya por los usos del idioma un precipitado de
metáforas de la fantasía, procedentes de las épocas más antiguas (la «viña» del Señor, la
«semilla», el «jardín de la doncella» en el Cantar de los cantares). Por medio de
alusiones, aparentemente inocentes, a las faenas culinarias pueden también pensarse y
soñarse las más repulsivas e íntimas particularidades de la vida sexual y la sintomática
de la histeria se hace ininterpretable si olvidamos que el simbolismo sexual puede
ocultarse, mejor que en ningún otro lado, detrás de lo cotidiano e insignificante. El que
un niño neurótico no pueda ver la sangre o la carne cruda o vomite a la vista de los
huevos o de los fideos, y el enorme incremento que toma en el adulto neurótico el
natural temor que al hombre normal inspiran los reptiles; todo ello posee un sentido
sexual, y al servirse de tales disfraces no hace la neurosis más que seguir los caminos
hollados por la humanidad entera en antiguos períodos de civilización, caminos que bajo
una ligera capa de tierra acumulada por los siglos, continúan aún existiendo hoy día,
como lo prueban los usos del lenguaje, las supersticiones y las costumbres.
Añadiré aquí el «sueño de las flores», del que ya tratamos en páginas precedentes,
subrayando en su redacción todo lo que debe interpretarse como sexual. Este bello sueño
cesó de gustar a la paciente una vez interpretado.
a) Sueño preliminar: «Va a la cocina en la que se hallan las dos criadas, y las
regaña por no haber terminado aún de hacer «ese poco de comida». Mientras tanto; ve
gran cantidad de groseros utensilios de cocina puestos boca abajo a escurrir y formando
un montón.» Agregación posterior: «Las dos criadas van por agua. Para ello tienen que
meterse en un río que llega hasta la casa o entra en el patio».
b) Sueño principal: «Baja de una altura por encima de una singular pasarela que es
como un seto de mimbres entretejidos formando pequeños cuadrados. No constituye
esto, precisamente, un camino, y la sujeto avanza preocupada de encontrar sitio en que
afirmar sus pies, pero al mismo tiempo muy contenta de ver que sus vestidos no quedan
enganchados en ningún sitio y puede conservar así un aspecto decente. En la mano lleva
una gran rama, como de un árbol, con flores rojas y muy frondosa. En el sueño cree la
sujeto que son flores de cerezo, pero parecen más bien camelias, aunque éstas no crecen
en un árbol. La rama muestra primero una de estas flores, luego dos y luego otra vez
una. Al llegar abajo se han deshojado ya casi por completo. En esto se ve a un criado
que se diría está peinando a un árbol parecido, pues arranca de él con una madera
gruesos mechones de pelo que cuelgan de su tronco como si fuera musgo. Otros
trabajadores han cortado de un jardín ramas semejantes a la suya y las han tirado a la
calle. La gente que pasa las recoge. Ella pregunta si aquello está bien hecho y si también
ella puede coger una. En el jardín ve a un joven (un extranjero conocido suyo) y se
dirige a él, preguntándole cómo podrán trasplantarse tales ramas a su propio jardín. El
joven la abraza, pero ella se resiste y le pregunta cómo se le ocurre pensar que puede
abrazarla así. El dice que no es ninguna falta y que está permitido. Se declara dispuesto a
ir con ella al otro jardín para enseñarla cómo se hace el trasplante, y le dice algo que ella
no comprende: Me faltan, además, tres metros -luego dice ella: metros cuadrados- o tres
brazas de fondo. Es como si quisiera exigir algo de ella a cambio de su anuencia, como
si tuviera la intención de compensarse en su jardín o burlar alguna ley y aprovecharse
sin causarle a ella ningún perjuicio. No sabe si luego le enseña él realmente algo».
Este sueño que yo he adelantado para mostrar sus elementos simbólicos, se le
puede describir como biográfico. Sueños así ocurren frecuentemente durante el
psicoanálisis, pero tal vez escasamente fuera de él.
Poseo, naturalmente, material sobrado de este género, pero su comunicación nos
haría adentrarnos demasiado en la discusión de las circunstancias de las neurosis. Basta
decir que todo nos lleva a la misma conclusión: la de que no necesitamos admitir en la
elaboración onírica