Relación con otras neurosis

D) RELACIONES CON OTRAS NEUROSIS
EXPONDREMOS aún algunas observaciones sobre las relaciones de la neurosis
de angustia con las otras neurosis.
Los casos más puros de neurosis de angustia son también casi siempre los más
marcados. Estos casos se dan en sujetos jóvenes y potentes, cuya enfermedad data de
fecha próxima, y presentan una etiología unitaria.
De todos modos, es más frecuente la aparición conjunta y simultánea de síntomas
de neurosis de angustia y otros de neurastenia, histeria, melancolía o neurosis obsesiva.
Si ante esta mezcla clínica nos retrajésemos de reconocer a la neurosis obsesiva el
carácter de una unidad independiente, tendríamos también que renunciar obrando
consecuentemente, a la separación, tan trabajosamente lograda, de la histeria y la
neurastenia.
Con respecto al análisis de la «neurosis mixta», podemos sentar el siguiente
importante principio: en todo caso de neurosis mixta puede descubrirse la existencia de
una mezcla de varias etiologías específicas.
Esta multiplicidad de factores etiológicos, condición de la neurosis mixta, puede
establecerse de un modo casual; por ejemplo, cuando una nueva acción nociva viene a
sumar sus afectos a los de otra ya existente. Tal será el caso de una mujer histérica, que
al cierto tiempo de su matrimonio comienza a practicar el coito interrumpido, y añade
entonces a su histeria una neurosis de angustia. O el de un masturbador, que su práctica
lo ha llevado a la neurastenia, y al que las excitaciones frustradas de un noviazgo ulterior
hacen contraer como nueva enfermedad una neurosis de angustia.
En otros casos, la multiplicidad de factores etiológicos no obedece a la casualidad,
siendo uno de tales factores el que ha hecho entrar en acción al otro. Así, una mujer con
la que su marido realiza el coito interrumpido sin preocuparse de su satisfacción, y que
se ve obligada a masturbarse después del coito insatisfactorio para acallar la penosa
excitación residual. Esta sujeto, a más de los síntomas de la neurosis de angustia, fruto
de la práctica del coito interrumpido, mostrará otros neurasténicos, producto de la
masturbación. O también la excitación residual del coito interrumpido provocará en la
sujeto ideas voluptuosas, contra las cuales querrá defenderse, y contraerá así, a más de la
neurosis de angustia, representaciones obsesivas. O, por último, la práctica del coito
interrumpido le hará perder el amor a su marido y experimentar una nueva inclinación,
que mantendrá cuidadosamente secreta, mostrando entonces una mezcla de neurosis de
angustia e histeria.
En una tercera categoría de neurosis mixtas es aún más íntima la conexión de los
síntomas, siendo una misma condición etiológica la que inicia regular y
simultáneamente las dos neurosis. Así, la súbita revelación sexual, causa de la angustia
virginal, engendra siempre también histeria, y la inmensa mayoría de los casos de
abstinencia voluntaria se enlazan desde un principio con representaciones obsesivas.
Igualmente, el coito interrumpido sin satisfacción para el hombre no puede engendrar
nunca, a nuestro parecer, una neurosis de angustia pura, sino siempre una mezcla de
neurosis de angustia y neurastenia.
De estas reflexiones resulta que es necesario diferenciar también de las
condiciones etiológicas de la aparición de las neurosis sus factores etiológicos
específicos. Las primeras (por ejemplo, el coito interrumpido, la masturbación y la
abstinencia) presentan aún múltiples facetas, y cada una de ellas puede producir distintas
neurosis. Sólo los factores etiológicos de ellas abstraídos, tales como la descarga
inadecuada, la insuficiencia psíquica y la defensa con sustitución, poseen una relación
específica e inequívoca con la etiología de cada una de las diversas grandes neurosis.
Por lo que respecta a su esencia, muestra la neurosis de angustia interesantísimas
coincidencias y disparidades con las otras grandes neurosis, especialmente con la
neurastenia y la histeria. Con la neurastenia comparte un principalísimo carácter el de
radicar la fuente de la excitación, o sea el motivo de la perturbación, en el terreno
somático y no en el psíquico, como sucede en la histeria y en la neurosis obsesiva. Por lo
demás, se advierte más bien una especie de oposición entre los síntomas de la
neurastenia y los de la neurosis de angustia; oposición que puede expresarse
sintéticamente con la antítesis «acumulación-disminución de la excitación». Esta
antítesis no impide que las dos neurosis se mezclen entre sí; pero se muestran en el
hecho de que en ambas los casos extremos son también los más puros.
Con la histeria muestra la neurosis de angustia una serie de coincidencias
sintomatológicas aún poco estudiada. La aparición de los fenómenos, bien como
síntomas duraderos, bien en ataques; las parestesias, agrupadas a modo de aura; las
hiperestesias y puntos sensibles, que se muestran en ciertos subrogados del ataque de
angustia en la disnea y en el ataque cardíaco; la intensificación de los dolores, quizá
orgánicamente justificados (por medio de la conversión); estos y otros caracteres
comunes hacen incluso suponer que mucho de lo que atribuimos a la histeria debería
serlo a la neurosis de angustia. Pasando al mecanismo de ambas neurosis, en cuanto
hasta ahora nos ha sido posible descubrirlo, hallamos ciertos caracteres que nos permiten
considerar la neurosis de angustia como la contrapartida somática de la histeria. Tanto
en una como en otra se trata de una acumulación de la excitación, paridad en la que se
basa quizá la analogía antes descrita de los síntomas. En ambas se da también una
insuficiencia psíquica, a consecuencia de la cual surgen procesos somáticos anormales.
Por último, también en las dos surge, en lugar de una elaboración psíquica, una
desviación de la excitación hacia lo somático, con la única diferencia de que la
excitación en cuya desviación se manifiesta la neurosis es en la neurosis de angustia
puramente somática (la excitación sexual somática) y en la histeria psíquica (provocada
por un conflicto). No podemos, pues, extrañar que la histeria y la neurosis de angustia se
combinen regularmente entre sí, como sucede en la «angustia virginal» o en la «histeria
sexual», ni que la histeria tome de la neurosis de angustia toda una serie de síntomas.
Estas íntimas relaciones de la neurosis de angustia con la histeria proporcionan un nuevo
argumento para la necesidad de separar la neurosis de angustia de la neurastenia, pues
rechazando esta separación no podemos tampoco mantener la diferenciación que tan
imprescindible nos es entre la neurastenia y la histeria.