Generalidades sobre el ataque histérico

GENERALIDADES SOBRE EL ATAQUE HISTÉRICO (*)
1908 [1909]
A
Al someter al psicoanálisis a una histérica cuya enfermedad se exterioriza en
ataques, llegamos fácilmente a la convicción de que tales ataques no son sino fantasías,
traducidas en actos motores, proyectadas sobre la motilidad y mímicamente
representadas. Estas fantasías son, desde luego, inconscientes; pero, fuera de esto, de
naturaleza idéntica a aquellas que podemos aprehender inmediatamente en los ensueños
diurnos o desentrañar por medio de la interpretación analítica en los sueños propiamente
dichos. Un sueño sustituye muchas veces a un ataque o, más frecuentemente aún, lo
explica, presentando una distinta manifestación de la misma fantasía representada en el
ataque. Pudiera así esperarse que la observación del ataque revelara la fantasía en él
representada, pero es muy raro que así suceda. Por lo general, la representación mímica
de la fantasía ha sufrido bajo la influencia de la censura deformaciones análogas a la
alucinatoria del sueño, ocultándose así tanto a la consciencia del sujeto como a la
comprensión del observador.
El ataque histérico requiere, por tanto, una elaboración interpretadora, como la
que emprendemos con los sueños. Pero tanto los fines a que tiende esta deformación
como los poderes que la imponen y la técnica que desarrolla son los mismos que hemos
conocido en la interpretación onírica.
1) El ataque se hace incomprensible por representar simultáneamente con un
mismo material varias fantasías, o sea por condensación. Los elementos comunes de las
distintas fantasías forman, como en el sueño, el nódulo de la representación. Las
fantasías así encubiertas son frecuentemente de muy distinto género; por ejemplo, un
deseo reciente y la reviviscencia de una impresión infantil; las mismas inervaciones
sirven entonces a ambas intenciones, con frecuencia en forma habilísima. Aquellos
histéricos que hacen un amplio uso de la condensación llegan a tener suficiente con una
única forma de ataque. Otros, en cambio, expresan una multiplicidad de fantasías
patógenas por una multiplicación correlativa de las formas del ataque.
2) El ataque se hace ininteligible por encargarse el enfermo de desarrollar las
actividades de las dos personas emergentes en la fantasía, o sea por identificación
múltiple. Recuérdese, por ejemplo, el caso citado en nuestro anterior ensayo sobre «Las
fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad»; caso en el cual la enferma trataba
de desnudarse con una mano (como hombre) y sujetaba sus vestidos con la otra (como
mujer).
3) La inversión antagónica de las inervaciones, proceso análogo a la
transformación de un elemento en su contrario, habitual en la elaboración de los sueños,
produce también máxima deformación. Así, el sujeto representará en sus ataques el acto
de abrazar extendiendo sus brazos convulsivamente hacia atrás, hasta anudar sus manos
sobre la columna vertebral. El conocido «arco de círculo» del gran ataque histérico no
es, probablemente, sino tal negación por inervación antagónica de una posición
apropiada al comercio sexual.
4) Por último, también coadyuva a desorientar al observador la inversión del
orden temporal de la fantasía representada; proceso comprobable también en algunos
sueños, que comienzan con el final de la acción para terminar por su principio. Ejemplo:
una histérica fantasea la siguiente escena de seducción: está sentada en un parque,
leyendo, y su falda, un poco levantada, deja ver el pie, pequeño y bien formado. Un
caballero se acerca a ella, entabla conversación y se trasladan a otro lugar, donde se
entregan a tiernos transportes. Al representar la sujeto en el ataque esta fantasía
comienza por una fase de convulsiones correspondientes al coito, y a continuación se
levanta, se traslada a otro cuarto, se sienta, se pone a leer y responde luego a un
interlocutor imaginario.
Las dos deformaciones últimamente descritas nos dejan entrever la intensidad de
las resistencias que aún se oponen a lo reprimido en su emergencia en el ataque
histérico.
B
LA emergencia de los ataques histéricos sigue normas fácilmente comprensibles.
Dado que el complejo reprimido está formado por una carga de libido y un contenido
ideológico (fantasía), el ataque puede ser provocado como sigue: 1º. Asociativamente,
cuando el contenido del complejo (suficientemente cargado) es aludido por un suceso de
la vida consciente. 2º. Orgánicamente, cuando, por causas internas somáticas y por algún
influjo psíquico externo, sobrepasa la carga de libido determinado nivel. 3º. En servicio
de propósitos primarios, como expresión del «refugio en la enfermedad», cuando la
realidad se hace penosa o temible, o sea como consuelo; y 4º. En servicio de propósitos
secundarios, con los que se ha aliado la enfermedad, en cuanto la producción del ataque
facilita el logro de un fin conveniente al enfermo. En este último caso, en ciertos
individuos, el ataque da la impresión de una simulación consciente; puede prefijarse el
momento de su aparición e incluso aplazarse su emergencia.
C
LA investigación de la infancia de los histéricos muestra que el ataque histérico
está destinado a constituir la sustitución de una satisfacción autoerótica, habitual en
dicha época de su vida y abandonada después. En muchos casos esta satisfacción
(masturbación manual o por presión de los muslos, movimientos de la lengua, etc.)
retorna en el ataque mismo, sin que el sujeto tenga consciencia de ello. La emergencia
del ataque por incremento de la libido y en servicio de la tendencia primaria como
consuelo repite también exactamente las condiciones en las cuales era
intencionadamente buscada en su tiempo por el sujeto la citada satisfacción autoerótica.
La anamnesis del enfermo descubre los estadios siguientes: a) Satisfacción autoerótica,
no acompañada de representación alguna. b) Satisfacción autoerótica que unida a una
fantasía conduce al acto satisfaciente. c) Renunciación del acto conservando la fantasía.
d) Represión de esta fantasía, la cual se impone luego, intacta o modificada, y adaptada a
nuevas impresiones de la vida, en el ataque histérico, provocando eventualmente el
retorno del acto satisfaciente, antes ligado a ella, y al que parece haber renunciado ya el
sujeto. e) La fantasía puede aún reinstalar el acto satisfaciente que le pertenece y que
había sido ostensiblemente descartado. Un ciclo típico de actividad sexual infantil -
represión-, fracaso de la represión y retorno de lo reprimido.
La incontinencia de orina en el momento del ataque no es inconciliable con el
diagnóstico de una histeria, pues no hace sino repetir la forma infantil de la polución. No
es tampoco raro encontrar, en casos indudables de histeria, la mordedura de la lengua.
Este acto, tan compatible con la histeria como con los juegos eróticos, surge sobre todo
en los ataques cuando el médico ha llamado la atención del enfermo sobre las
dificultades del diagnóstico diferencial. Por último, aquellos ataques en los que el
enfermo atenta contra su propia integridad personal (más frecuentes en sujetos
masculinos) son los que reproducen un accidente de la vida infantil del sujeto (por
ejemplo, el resultado de una pelea).
La pérdida de consciencia, la «ausencia» del ataque histérico, proviene de aquella
pérdida de consciencia fugaz, pero innegable, concomitante al grado máximo de toda
satisfacción sexual intensa (incluso de la autoerótica). En las ausencias histéricas
concomitantes al orgasmo en algunas mujeres jóvenes es donde más claramente puede
comprobarse este proceso. Los llamados estados hipnoides, o sea las ausencias durante
la ensoñación, tan frecuentes entre los histéricos, descubren igual origen, pero su
mecanismo es relativamente más sencillo. En un principio queda concentrada toda la
atención del sujeto sobre el curso del proceso satisfaciente, y al culminar la satisfacción,
toda esta carga de atención se resuelve de repente, produciéndose un momentáneo vacío
en la consciencia. Esta laguna fisiológica de la consciencia es ampliada entonces en
favor de la represión hasta que puede acoger todo lo que la instancia represora rechaza
de sí.
D
EL mecanismo reflejo del coito, pronto a desarrollarse en todo sujeto, masculino o
femenino, es el que muestra en el ataque histérico a la libido reprimida el camino
conducente a la descarga motora. Ya los antiguos decían que el coito era una «pequeña
epilepsia». Nosotros podemos modificar este aserto diciendo que el ataque convulsivo
histérico es un equivalente al coito. La analogía con el ataque epiléptico nos es de menos
auxilio, puesto que la génesis del mismo nos es aún más desconocida que la del ataque
histérico.
En definitiva, el ataque histérico, como la histeria en general, restablece con la
mujer una parte de actividad sexual que ya hubo de existir en ella durante los años
infantiles, dejando vislumbrar por entonces un carácter estrictamente masculino. Puede
observarse con frecuencia que precisamente aquellas muchachas que hasta los años
inmediatos a la pubertad mostraron naturaleza e inclinaciones algo masculinas
comienzan a enfermar de histeria a partir de la pubertad. En toda una serie de casos, la
neurosis histérica no corresponde sino a una intensidad excesiva de aquel típico impulso
represivo que, suprimiendo la sexualidad masculina, hace surgir la mujer.