Prólogos

PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN
1909
Lejos está el autor de esta pequeña obra de ilusionarse por ella dadas las
deficiencias y oscuridades que contiene. Pese a todo ha resistido la tentación de
introducir en ella resultados de investigaciones de los últimos cinco años, con el
propósito de no destruir su unidad y su carácter documentario. Por consiguiente, ha
reimpreso el texto original con pequeñas modificaciones, contentándose con añadir unas
pocas notas al pie de página. Su más ferviente deseo es que el libro crezca rápidamente y
que lo que un tiempo fue novedad sea algo aceptado por todos y que lo que era
imperfecto sea reemplazado por algo mejor.
Viena, diciembre 1909.
PRÓLOGO DE LA TERCERA EDICIÓN
1914 [1915]
Habiendo observado durante un decenio la recepción y la influencia que tuvo este
libro, quisiera dotar su tercera edición con algunas advertencias destinadas a evitar
malentendidos y pretensiones desmesuradas que pudieran planteársele. Por tanto,
señalaré ante todo que la presente exposición parte siempre de la experiencia médica
cotidiana, procurando profundizarla y conferirle significación científica merced a los
resultados de la investigación psicoanalítica. Estos Tres ensayos para una teoría sexual
no pueden contener sino lo que el psicoanálisis obliga a aceptar o permite confirmar. De
ahí que sea imposible ampliarlos jamás hasta integrar una completa «teoría sexual», y
comprensible que ni siquiera adopten posición frente a muchos problemas importantes
de la vida sexual. Pero no se crea que por eso que dichos capítulos omitidos del magno
tema quedaron ignorados por el autor o fueron relegados por considerarlos accesorios.
Mas la subordinación de este trabajo, a las experiencias psicoanalíticas que
estimularon su redacción no se expresa únicamente en la selección del material, sino
también en su disposición. En todas sus partes se mantiene determinada jerarquía: los
factores accidentales ocupan el primer plano, mientras que los disposicionales quedan en
el fondo; la evolución ontogenética se considera con preferencia a la filogenética.
Sucede que lo accidental desempeña en el análisis el principal papel y puede ser
elaborado casi íntegramente por éste; lo disposicional, en cambio, sólo surge tras lo
accidental, como algo evocado por lo vivenciado, pero cuya consideración excedería
ampliamente el campo de acción del psicoanálisis.
Análogas condiciones dominan la relación entre ontogenia y filogenia. La
ontogenia puede ser considerada como repetición de la filogenia, en la medida en que
ésta no sea modificada por vivencias más recientes. La disposición filogenética se
manifiesta tras el proceso ontogenético. En el fondo, empero; la disposición no es sino el
sedimento de las vivencias pretéritas de la especie, a las cuales se agregan las vivencias
más recientes del individuo como suma de los factores accidentales.
Junto a la constante subordinación a la investigación psicoanalítica, debo destacar,
como característica de este trabajo mío, la deliberada independencia de la investigación
biológica. He procurado evitar la introducción de expectaciones científicas basadas en la
biología sexual general o en la de especies determinadas en este estudio, al cual la
técnica del psicoanálisis nos permite someter la función sexual del ser humano. Cierto es
que mi objetivo consistía en explorar las nociones que la investigación psicológica
puede aportar a la biología de la vida sexual humana. De tal manera logré señalar
conexiones y analogías que resultan de esta exploración; mas no por ello hubo de
confundirme la circunstancia de que el método, psicoanalítico condujera en muchos
puntos importantes a concepciones y resultados que discrepaban apreciablemente de los
fundados únicamente en la biología.
En esta tercera edición he introducido numerosas adiciones, pero renuncié a
individualizarlas en el texto, como en ediciones anteriores. La labor científica en nuestro
campo de estudio ha moderado actualmente el ritmo de sus progresos, pero ciertos
complementos a este trabajo eran imprescindibles para que mantuviera su congruencia
con la literatura psicoanalítica más reciente.
Viena, octubre de 1914.
PRÓLOGO DE LA CUARTA EDICIÓN
1920
Concluido el reflujo de la marea bélica, podemos comprobar satisfechos que el
interés por la investigación psicoanalítica se ha mantenido incólume en toda la amplitud
del mundo. Sin embargo, no todas las partes de nuestra doctrina han tenido idéntico
destino. Las nociones y los postulados puramente psicológicos del psicoanálisis acerca
del inconsciente, la represión el conflicto patógeno, el beneficio derivado de la
enfermedad, los mecanismos de la formación de síntomas, entre otros, gozan de
creciente aceptación y son reconocidos hasta por quienes son, en principio, nuestros
adversarios. Mas el lector de nuestra doctrina que linda con la biología, y cuyos
fundamentos expone este pequeño trabajo, sigue suscitando permanente antagonismo y
aun ha sido motivo de que personas que durante largo tiempo se dedicaron intensamente
al psicoanálisis se apartaran del mismo y adoptaran nuevas concepciones tendientes a
reducir el papel del factor sexual, tanto en la vida psíquica del ser normal como en la del
enfermo.
Sin embargo, no puedo resolverme a creer que esta parte de la ciencia
psicoanalítica discrepe de la realidad en medida mucho mayor que sus demás sectores,
tanto el recuerdo como las comprobaciones incesantemente renovadas me demuestran
que es el producto de una observación no menos minuciosa y libre de preconceptos. Por
otro lado, no es difícil explicar aquella disociación del reconocimiento público. En
primer lugar, sólo aquellos investigadores dotados de la paciencia y la habilidad técnica
necesarias para llevar el análisis hasta los primeros años infantiles del paciente, podrán
confirmar los comienzos de la vida sexual humana que aquí se describen. Con
frecuencia se carece aun de la posibilidad de realizar dicha exploración, pues la acción
médica exige una resolución más rápida del caso clínico. En cuanto a las personas no
médicas que ejercen el psicoanálisis, ni siquiera tienen acceso a este sector y carecen de
toda posibilidad de formarse un juicio sustraído a la influencia de sus propias
repulsiones y de sus prejuicios. En efecto, si el hombre supiera cómo aprender algo de la
observación directa del niño, estos tres ensayos bien podrían haber quedado sin ser
escritos.
Luego, es menester recordar que gran parte del contenido de este trabajo -la
acentuación de la importancia de la vida sexual para todas las actividades humanas y la
ampliación del concepto de sexualidad, aquí intentada- ha suscitado siempre las más
enconadas resistencias contra el psicoanálisis. Dejándose llevar por la inclinación hacia
las frases grandilocuentes, se ha llegado a hablar del «pansexualismo» en el
psicoanálisis, lanzándole el reproche absurdo de que pretendería explicarlo «todo» a
partir de,la sexualidad. Podría asombrarnos semejante actitud si olvidáramos hasta qué
punto los propios factores afectivos inducen a la confusión y al olvido. En efecto, ya
hace tiempo el filósofo Arturo Schopenhauer enfrentó al hombre con toda la extensión
de las influencias que los impulsos sexuales -en el sentido cotidiano del términoejercen
sobre sus actos y sus aspiraciones: ¡y un mundo entero de lectores habría sido
incapaz de olvidar tan completamente una advertencia tan perentoria! En lo que se
refiere a la «ampliación» del concepto de la sexualidad, impuesta por el análisis de los
niños y de los denominados perversos, recordaré a cuantos contemplan desdeñosamente
el psicoanálisis desde su encumbrado punto de vista cuán estrechamente coincide la
sexualidad ampliada del psicoanálisis con el Eros del divino Platón.
Viena, mayo de 1920.