24 enero
NTRA. SRA. DE LA PAZ
En el año 1658, Luis XIV, rey de Francia, consigue que la Santa Sede establezca esta fiesta, que ya la iglesia de Toledo celebraba desde época visigoda. Es una advocación que de España pasa a América, donde es muy querida: raro es el país hispanoamericano que no tiene alguna iglesia o santuario dedicados a esta advocación mariana. Por otra parte Nuestra Señora de la Paz es la patrona de El Salvador, sin
olvidar su resonancia en el nombre de la capital boliviana, La Paz. En Europa, y a raíz de unas apariciones de la Virgen a seis niños el 24 de Junio de 1981 en Medjugorje (Bosnia-Herzegovina) se erigió un santuario a María, Reina de la Paz, importante foco de peregrinaciones desde entonces.T ampoco hemos de olvidar que los pontífices siempre han puesto el gran valor de la paz en manos de María: Juan Pablo II se lo confía en la fiesta del 1 de Enero (MC5). Y anteriormente,
Benedicto XV había añadido a las letanías lauretanas de Ntra Sra la invocación Regina Pacis
Un mensaje para nuestra vida
Quizá hoy más que nunca el seguidor de Jesús debe pararse ante esta palabra –paz- que por usada en tantos contextos- y no siempre atinadamente- corre el peligro de vaciarse de significado, o lo que es peor, adquirir otros que nada tienen que ver con el que reviste la paz que el Señor Jesús nos dispensa y nos urge a transmitir (Mt 10,12-13; Lc 10,5, Lc 6,27,35; Jn 14,27) Construir la paz en
nuestro entorno, hacer partícipes a los otros de la Paz que es Jesús mismo, el Señor, es misión nuestra sin duda, pero difícilmente puede darse algo que no se tenga. Por ello es quizá muy urgente mirar a nuestro interior para ver qué puede haber en él que aún ofrece resistencia a que reine en él la paz de Cristo: en qué aspectos o niveles de nuestra vida existen contradicciones entre la Buena Noticia del
Señor y nuestros apegos más profundos. Y, como dice el apóstol, que el amor de Cristo sirva de árbitro en nuestros corazones a la hora de resolver la opción. Sólo entonces esa paz irradiará en nuestro entorno (Ef 4,3; Col 3,15; 1 Te 3,11). María, Reina de la Paz, nos recuerda en esta festividad nuestra misión de constructores de ese don que sólo puede dar su Hijo.