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No
menos importantes que los ya tratados son los siguientes
trastornos de ansiedad que a continuación pasamos
a describir: Crisis de pánico.-
Las
crisis o ataques de pánico son situaciones puntuales de miedo extremo -terror-
experimentadas sin razón aparente, en donde el afectado siente ansiedad intensa
y síntomas físicos tales como taquicardia, falta de aire, sudoración, mareos,
despersonalización y/o hormigueo en las extremidades. Ansiedad generalizada.-
Es mucho más
que la ansiedad normal del día a día. Suele ser crónica y hace que la persona
sufra una preocupación y tensión exageradas por asuntos como la salud, el
dinero, la familia o el trabajo, incluso sin haber nada que lo provoque. El
simple pensamiento de afrontar un nuevo día provoca ya una ansiedad excesiva. Estrés postraumático.-
Se trata de un
trastorno que puede desarrollarse después de un acontecimiento traumático.
Algunas personas suelen repetir el trauma en forma de pesadillas o recuerdos
perturbadores durante el día. Pueden experimentar problemas en conciliar o
mantener el sueño, sentirse aislados, entumecidos o sobresaltados; así como
perder el interés por las cosas que antes solían disfrutar, tener dificultad en
mostrar su afectividad y sentirse irritables, más agresivos o incluso
violentos. (Saber
más.) Fobias
específicas.-
Son miedos específicos e intensos a
algo en concreto que en realidad no puede producir un daño real. Algunos de
ellos se centran en lugares cerrados, altura, ascensores, túneles, conducir por
autopistas, agua, volar, perros y heridas que sangran. Aunque la persona se
da cuenta de que estos miedos son irracionales, el simple hecho de afrontarlos o
incluso pensar en ello, provoca ya un ataque de pánico o una ansiedad
severa. Hipocondria.-
Es, en esencia, una actitud que
el individuo adopta ante la enfermedad. La persona hipocondríaca efectúa
constantemente un análisis de su estado fisiológico básico, preocupándose en
exceso por su salud. Su miedo consiste en la convicción de padecer una
enfermedad grave, a partir de interpretaciones de sus sensaciones corporales y
de la información médica que tiene a su alcance. Aunque el profesional, una
vez analizados los resultados de las pruebas médicas, le asegure no tener ningún
trastorno, el hipocondríaco solamente se quedará tranquilo momentáneamente, pero
su preocupación volverá a presentarse. Trastornos psicosomáticos.-
Se denominan trastornos
psicosomáticos cuando existen factores psicológicos que contribuyen a la
iniciación o a la exacerbación de una enfermedad física. Cuestiones tales como
estrategias de afrontamiento, estrés ambiental, características de la
personalidad, creencias y factores culturales; pueden jugar un papel importante
tanto en el origen como en el curso de la enfermedad.
Los ataques
de pánico consisten en la aparición de un miedo intenso que se inicia de
forma brusca y alcanza su máxima expresión habitualmente dentro de los diez
minutos. La persona experimenta una sensación de peligro o de muerte inminente y
una urgente necesidad de escapar, acompañada de síntomas corporales como
palpitaciones, sudoración, sensación de ahogo, mareos, etc. -respuestas
fisiológicas normales que forman parte del miedo y de la ansiedad-. Cuando se ha
producido más de uno y el individuo queda pendiente de que se repitan, o
modifica aspectos de su estilo de vida por haberlos tenido, se habla ya de un
"Trastorno de Pánico". Cuando atraviesan o acaban de atravesar un período de estrés, algunas personas
reaccionan con un ataque de pánico. Su cerebro -debido a una predisposición
genética- se "equivoca" y reacciona con terror ante un peligro que no existe.
Aunque 10-12% de la población ha experimentado por lo menos un ataque de pánico
en los últimos 12 meses, sólo uno de cada diez de quienes lo sufrieron
desarrollará un Trastorno de Pánico. El miedo ante las sensaciones corporales
que son parte de la ansiedad es la causa que transforma a lo primero en lo
segundo. Esto le sucede a un individuo con determinadas vulnerabilidades
biológicas y psicológicas. Por factores genéticos, alguien nace predispuesto a
experimentar emociones desagradables -miedo, tristeza, rabia, vergüenza- en
forma más intensa y más frecuente que otros. Pero no llegará a materializar esta
predisposición a menos que aprenda a creer, ya desde sus primeros años, que él
no está al frente de su propia vida, a creer que -por el contrario- su vida está
gobernada por fuerzas poderosas que no controla -la suerte, los otros, el
destino-. Esta combinación de factores genéticos y experiencias psicológicas
predispone a sufrir cualquiera de los numerosos trastornos de ansiedad. ¿Cómo se
produce, entonces, la "especialización" en temerle a las sensaciones corporales
que forman parte de la ansiedad? Es que ya de niños sus padres sobreprotectores
y ansiosos le enseñaron -de manera explícita o a través del ejemplo- que cuando
el corazón late rápidamente o cuando uno se marea, o le falta el aire, es
siempre alarmante o que experimentar cierto nivel de ansiedad es intolerable y
conducirá a "perder la cabeza". También es frecuente que estos pacientes hayan sufrido hechos
traumáticos, tales como la muerte súbita de un ser querido. "Mi padre volvió de
hacerse un electrocardiograma que le dio normal y cuando entró a casa, cayó
muerto al suelo", contará un paciente en quien una puntada suave y para nada
peligrosa que sienta en el pecho termina en ataque de pánico. Cuando alguien con
estas vulnerabilidades previas afronta determinados acontecimientos vitales
difíciles y su nivel de ansiedad aumenta, saldrán a la luz sus creencias en la
incontrolabilidad y peligrosidad de las sensaciones corporales. Modificar estas
concepciones erróneas constituye el eje del tratamiento cognitivo-conductual del
Trastorno de Pánico.
Entre los "trastornos por ansiedad", además de las crisis de
angustia o panic "disorders", figuran los trastornos por ansiedad generalizada,
que según la Amerian Psychiatric Association, se presentan en el 4% de la
población mayor de 18 años, al menos una vez en su vida. Los mismos se
caracterizan por una ansiedad persistente que dura alrededor de un mes. Son sus síntomas relevantes: 1.La tensión motriz: temblores, estremecimientos, tics
palpebrales, intranquilidad, etc. 2.Hiperactividad vegetativa: palpitaciones, taquicardia,
sudoración, mareos, crisis de calor o de frío, diarrea, palidez, malestar en el
estómago, sensación de vacío en la cabeza, etc. 3.Expectación ansiosa: miedo anticipado respecto a
desgracias que pudieran sobrevenir a uno mismo o a los demás. 4.Actitud vigilante y alerta: atención exagerada a ciertos
estímulos medioambientales, que confirmarían las presunciones alarmantes, con la
consiguiente dificultad de concentración, insomnio, impaciencia, distraibilidad,
sensación de no poder más, etc. Los "trastornos por ansiedad generalizada" deben
diferenciarse de cualquier otro trastorno mental o físico, como el
hipertiroidismo, la depresión mayor, la intoxicación por exceso de café y de
otros trastornos mentales orgánicos. Los factores desencadenantes suelen ser reconocidos
fácilmente, ya que provienen de circunstancias psicosociales que han generado el
cuadro: separaciones, viudez repentina, enfermedad de los hijos, relaciones
conflictivas con familiares cercanos, problemas laborales, mudanzas, pleitos,
ingreso en la menopausia, tener que afrontar intervenciones quirúrgicas propias
o de allegados, hostilidad en las relaciones de pareja, etc. No toda persona reacciona con un "trastorno con ansiedad
generalizada" frente a una situación de estrés. La personalidad previa producto
de la historia personal, además de los factores constitucionales predisponen al
mismo. Dado que los síntomas ya referidos producen una moderada
incapacidad laboral y social, puede ocurrir que las personas afectadas por este
padecimiento (en la desesperación por encontrar un paliativo que alivie su
tensión), recurran al alcohol, los barbitúricos, y/o los ansiolíticos, que
generan con el correr del tiempo una dependencia hacia ellos o una "depresión
mayor". La precocidad en la consulta psicológica podrá ayudar a
prevenir males irreparables.
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