Con furia lo intentas
otra y otra vez,
pero
nuevamente el pico se vence en la nieve ya casi polvo
y te
sigues resbalando abrazado a la fatalidad.
Finalmente,
notas que el tiempo reinicia su cuenta.
Un golpe
seco, ¡otro más!...
El
silencio...
Un
tirón de brazo te anuncia que todo comienza ahora,
que
podrá haber un despues,
que
sufrirás unas consecuencias.
Te giras
y miras,
sin
soltarte de tu precario asidero,
hacia
abajo,
te has
roto una pierna y comprendes que no te puedes mover
y que
valerte no puedes.
Aún
sientes un temor profundo a resbalar y afinzas, como puedes, el piolet
y gritas
auxilio a tus compañeros
advirtiéndoles
de la situación,
comunicándoles
con berridos tu desgracia
como si
entonases unas mágicas palabras que te alejarán del miedo a moverte.
A tu
izquierda,
el valle
cálido, acogedor,
al que
quieres llegar vivo para disculparte ante los tuyos
y
pedirles perdón por haberte quebrado,
por
decepcionarles,
por
haberles fallado. |