Más de 75.000 personas tienen instalado en su ordenador un detector de mentiras. Diseñado como complemento de «Skype», un programa para hablar gratis por teléfono con cualquier parte del mundo a través de internet, «KishKish Lie Detector» promete descubrir, mediante el análisis de la voz, a quien no diga la verdad al otro lado de la línea.
Puede descargarse en la Red desde hace veinte días y se basa en la idea de que mentir provoca variaciones involuntarias en la voz, un principio parecido al del polígrafo, ahora de moda por su uso en programas televisivos de cotilleo.
El detector de mentiras fue inventado en 1921 por John A. Larson, un estudiante de Medicina de la Universidad de California. Mide los cambios en la respiración, el ritmo cardiaco, la presión sanguínea y la capacidad de la piel para conducir la electricidad, indicadores a partir de los cuales Larson postuló que se puede descubrir a un mentiroso.
«La teoría que subyace es que estamos «socializados» para decir la verdad y, si mentimos, se da un conflicto interno que provoca una activación fisiológica», explica José Cáceres, profesor de Psicología en la Universidad de Deusto.
Los psicólogos clínicos utilizan el polígrafo como una herramienta de diagnóstico más. Les sirve, por ejemplo, para averiguar cuándo un paciente está relajado o en qué situaciones sufre de ansiedad. «Es lógico. Las variables que mide la máquina son reveladoras de la relajación y están implicadas en un estado de ansiedad», indica Carlos J. Álvarez, profesor de Psicología Cognitiva de la Universidad de La Laguna y escéptico respecto a la utilidad del polígrafo como «máquina de la verdad». Desde hace treinta años, Cáceres adiestra a sus alumnos en el uso clínico del aparato y, a veces, lo emplea en clase como detector de mentiras, ya que así resulta más atractivo para los estudiantes.
«El polígrafo no detecta ni verdades ni mentiras, sino cambios fisiológicos en la medida en que nos emocionamos», puntualiza el psicólogo de Deusto. Como descubridor de engaños, se basa en la presunción de que el mentiroso se pone nervioso, y eso se refleja en las variables controladas por la máquina.
La ansiedad del sujeto
Los críticos niegan la mayor. «Casi un siglo de investigación en psicología científica y fisiología proporciona pocas bases a la esperanza de que la prueba del polígrafo pueda tener un muy alto nivel de aciertos», sentenciaba en octubre de 2002 un comité de expertos de la Academia Nacional de Ciencias (NAS) de Estados Unidos, que alertaba de que la respuesta fisiológica asociada al engaño puede deberse en muchos casos a la ansiedad del sujeto por el riesgo de fracasar en la prueba. Sólo por conectarse a la máquina, un inocente puede ponerse nervioso ante el temor de fallar y ser acusado de un delito, y acabar fallando.
«¿Ha retirado alguna vez a un humano por error?», pregunta Rachael Rosen (Sean Young) al policía Rick Deckard (Harrison Ford) en una escena de la película «Blade runner» (1982). «No», responde el cazador de androides. Un largo interrogatorio a la joven -de más de cien preguntas- demuestra al agente que detectar a un replicante de última generación no es sencillo. Ni siquiera con el auxilio de la amenazadora máquina Voight-Kampff, un polígrafo avanzado que monitoriza la respiración, el ritmo cardiaco, el sonrojo del rostro y la pupila y el iris del sujeto.
Un 70% de aciertos
Cáceres mantiene que, en los experimentos que hacen en Deusto con la máquina, él y sus alumnos dan con la mentira en el 90% de las ocasiones. Los escépticos calculan, sin embargo, que el nivel de aciertos del polígrafo ronda el 70%. Muchos inocentes pasarán por mentirosos y muchos mentirosos, por sinceros. Elie Shneour, biofísico que ha investigado este aparato durante treinta años, recomienda que, «si eres inocente, nunca hagas la prueba del detector de mentiras. Pero, si eres culpable, hazla siempre: podrías ser exonerado».
El detector de mentiras se emplea en Estados Unidos en la persecución del crimen, aunque no de modo generalizado. En España, el Cuerpo Nacional de Policía y la Guardia Civil no lo utilizan por su falta de fiabilidad científica y por no admitirse como prueba judicial. En EE.UU., su uso más habitual es en la selección y el control de personal del FBI, la CIA, la DEA y otras agencias implicadas en la seguridad nacional. Un porcentaje reducido de empresas e instituciones españolas lo utilizan para elegir a los candidatos a puestos de gran responsabilidad.
Tras los ataques del 11-S, el informe de la NAS de 2002 reveló lo erróneo de confiar en esta máquina la caza de posibles traidores, espías y terroristas. Según el grupo de sabios, en un colectivo de 10.000 empleados gubernamentales que incluyera 10 espías de los que se quisiera atrapar a ocho, 1.606 personas fallarían en la prueba del polígrafo. Después, habría que investigar más para separar a los 8 espías -se escaparían 2- de los 1.598 trabajadores leales falsamente acusados por el aparato. Si el test se diseñara para reducir el alto número de falsas alarmas a sólo 40 de los 9.990 empleados honrados, se clasificaría bien al 99,5% de los examinados, pero ocho de diez espías aprobarían.
Precisión insuficiente
Hace cuatro años, los expertos de la NAS concluían que la precisión del polígrafo «para distinguir entre potenciales o reales amenazas a la seguridad e inocentes es insuficiente para justificar la confianza en su uso en investigaciones de empleados de agencias gubernamentales». En octubre, el Departamento de Energía -del que dependen los tres grandes laboratorios nacionales de armamento -Sandia, Los Álamos y Lawrence Livermore- anunció que, con excepciones, sus trabajadores no volverán a someterse al polígrafo.
Cáceres admite que existe ese alto porcentaje de errores y que resultaría inquietante si el polígrafo fuera utilizado como la única herramienta y no «como un complemento. Sería como si quisiéramos hacernos una idea de cómo es el interior de una casa mirando sólo por una ventana». Álvarez cree que el principal problema del sistema es que «no existe ningún otro método de detección de mentiras independiente con el que podamos contrastar los resultados del polígrafo. Y no sirve la confesión, porque el sujeto puede mentir o confesar algo que no ha hecho, por encontrarse bajo coacción». Para el psicólogo de la Universidad de La Laguna, la fiabilidad de la «máquina de la verdad» es equiparable a la de una persona adiestrada para detectar mentiras. En sistemas basados en el análisis de la voz, como el incorporado a «Skype», el índice de aciertos es menor: no supera el esperado por el azar.
El polígrafo es rechazado por la policía y los jueces de todo el mundo por su escasa fiabilidad _ Un siglo de investigación científica en psicología y fisiología descarta un alto nivel de aciertos
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