Marruecos en moto

Marruecos en moto

-Las miradas de la ilusión-

del 13 al 19 de Abril de 2006

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Este viaje va a ser especialmente difícil de contarlo. Cómo explicar que, tan sólo unos pocos minutos antes de subirnos al barco que nos llevaría a Melilla sólo pasaban por mi cabeza excusas para inventarme y no ir. Estúpidos recelos, miedos y prejuicios que, en ocasiones y en mentes de personajes más "poderosos", pueden llevar al mundo por equivocados derroteros.... Cómo explicar ahora que desde el primer minuto que rodé por África mi vida cambió, probablemente para siempre, porque nuestras vidas cambian o, al menos así debería ser, cuando conocemos algo nuevo..... y lo que empecé a ver y sentir no era sólo "algo nuevo", era más bien un "mundo nuevo", muy lejano a los tópicos que nos trasmiten con frecuencia los medios o los conocidos que viajan a algún "resort" de destinos exóticos y son guiados a sus lugares más típicamente tópicos.
 

Muy cerca de nuestra casa hay un mundo distinto, más salvaje y natural, menos organizado. Donde lo primero que aprendes acercándote a las gentes de sus pueblos es que se pueden tener sobre el papel menos libertades y a la vez, vivir de forma más libre, con menos ataduras sociales y morales. Incluso la "atadura religiosa" que apreciaba en la distancia la comprobé mucho más distendida allí. Era natural, formaba parte de ellos y su normalidad.

Se pueden tener muchos menos recursos y servicios, muchos menos poderes materiales y menos avances de todo orden...... y tener en general una mirada más radiante, ilusionada y llena de felicidad.

Marruecos es, como leí en algunos sitos antes de ir, un universo que enamora y atrapa. Es el país más "auténtico" de todos por los que jamás he rodado. Es un paraíso de contrastes, y no sólo en sus paisajes y temperaturas, sino también en sus gentes: árabes y bereberes, pillos y hospitalarios, amigos y negociantes.... Gentes que siempre nos miraron con sorpresa y admiración cuando pasábamos sobre nuestras motos despacito junto a ellos por sus pueblos y aldeas. Ya no es sólo que nos hacían sentirnos importantes, cómodos, sorprendidos.... nos hicieron sentir durante 3.000 kilómetros "reyes por una semana".... y eso es algo que nunca se puede olvidar.

Este viaje no lo voy a explicar siguiendo una crónica diaria sino por lugares y momentos que fuimos conociendo día a día. Espero que os guste.

Todo empieza el Jueves Santo de este año 2006 cuando nos juntamos en el Puerto de Almería Nuria y yo con nuestros amigos Alberto, Víctor, Enrique, Rosana, Jesús, Marisa y Antonio. A este último no le conocíamos cuando le vimos aparecer con su Transalp reluciente por allí.

Embarcamos de madrugada. La idea era dormir en el barco para llegar a Melilla entorno a las 8:30 de la mañana. Yo tenía demasiado pánico a los movimientos del barco, al mareo.... me temía que iba a dormir poco.

Y más que temer, confirmé que no iba a dormir cuando ví los tripulantes amarrar nuestras motos a la baranda del aparcamiento del barco con semejantes cuerdas. Me dijeron que en ocasiones las sacudidas del barco podían llegar a tirar las motos.... ahí empezaron mis sudores fríos....

Lo primero que todo buen viajero debe hacer es hacerle caso al capitán. Así que ante todo, comprobar que el chaleco salvavidas es de la talla de uno....

Subimos a la cubierta a despedir Almería. Recibía las condolencias de todos mientras me tomaba las pastillas anti-mareo del ejército que me había dado Juanjo acompañadas de un zumito....

Noche de perros, el barco se movió una barbaridad. Luego me dijeron que había habido temporal. No dormí absolutamente nada.

Llegamos a Melilla, nos recogieron las dos motos autóctonas, Juanjo y Pedro. Nos llevaron a desayunar a la última cafetería del mundo "conocido" que vimos en esa semana.

 Nos hinchamos a comer (por si acaso), cambiamos €uros por Dirhams y empezamos con los papeles para pasar la frontera.

El trámite de la frontera fue de una hora aproximadamente. Sin duda con las motos es más ágil ya que evitas las colas y rápido llegas a ventanilla. Al entrar con la moto hay que rellenar dos pequeños documentos. Uno personal y otro sobre el vehículo. Ambos deben de entregarse para salir del país.

La soltura que tenían los melillenses Juanjo y Pedro nos evitó el tener que pagar a los abundantes "gorrillas", que pretendían agilizarnos los trámites llevándose nuestros documentos  y entrando por la "puerta de atrás", obtenían sin colas el sello de entrada en ambos. Este se lo estampaba algún policía corrupto que no estaba en la cola de la ventanilla y al que ellos huntaban con parte de nuestra "gratificación". Esto mismo ocurrió en la salida. Tampoco nos hizo falta, íbamos con habituales "pasadores de fronteras".

No era para nada recomendable tomar foto alguna en aquel lugar. Nos avisaron con mucha claridad. Una lástima, porque esa experiencia es para grabarla en video.

Una vez dentro de Marruecos, nos aproximamos a Nador, muy cerquita de Melilla. Aquí empieza realmente nuestro recorrido por Marruecos, aquí empieza la aventura.

A partir de ahora, la descripción será más "visual" y menos "literaria". Sólo citaré los lugares más destacados, y también contaré experiencias que puedan ser de utilidad para futuros viajeros....

Nador fue el primer pueblo que vimos en nuestra ruta hacia el Atlas. En las fotos siguientes se ven distintos pueblos del camino.....

Los pueblos del norte de Marruecos, más cercanos a Melilla y Ceuta, son árabes. Son más feos, más sucios, más inseguros.... tienen el aspecto de pueblos españoles pero con los edificios a medio acabar y con las calles carentes de orden y servicios. Eso sí, gasolineras "decentes" son más fáciles de encontrar aquí que cuando vas entrando en el Atlas y el desierto.

Precisamente en esta gasolinera viví una de las experiencias que menos me gustaron del viaje. Un montón de niños nos rodearon ataviados con los enseres propios para limpiarnos las botas. Eran niños de no más de 10 años. Era plena mañana de un día laboral en Marruecos (aunque en España fuera Viernes Santo). ¡Esos niños deberían de estar en el colegio a esas horas!. Me dio mucha pena el verlos y pensar en su futuro. Ellos no tenían "ojos de ilusión". Los echaron casi a patadas de la gasolinera para que no nos "molestaran"...

Siento pena de recordar la situación. Me sentía como si fuéramos seres superiores o agraciados por venir de donde veníamos. Nos bastaba con volver a rellenar un papelito como el que habíamos hecho a la entrada para poder salir a un mundo con muchas más oportunidades..... y me preguntaba por la gracia de quién eso era así....

Pero la imagen de Marruecos, sus pueblos y sus gentes ( y sobre todo sus niños), iba a ir cambiando a mucho mejor conforme nos íbamos adentrando en su país hacia el Sur. Ya lo veréis.

Paramos a comer en un bar-carnicería a las afueras de TAZA. Juanjo negoció con el dueño el precio de lo que íbamos a comer (eso lo tengo grabado en video y es muy interesante). ¡Ah!, eso no lo había dicho: en Marruecos absolutamente todo se negocia. Todo. Cualquier tipo de compra, cualquier comida, bebida, guía, hotel,.... incluso una vez hecha la consumición si no se está de acuerdo... se vuelve a negociar, es así normal....

Al cambio, unos 6 euros por persona. Nos hinchamos a comer....

A partir de TAZA, nos encontramos el Marruecos verde. Lo había leído antes de ir pero no me imaginaba que había una extensión tan inmensa de vegetación al estilo cantábrico. Fueron dos días enteros (hasta que cruzamos el Atlas), viendo paisajes "asturianos".

Y así de alucinados (por lo espectacularmente verde de los paisajes), llegamos a IFRANE, a la que llaman "la pequeña Suiza". Y tienen motivos....

De Ifrane nos dirigimos al hotel, que estaba a unos 20 kms de allí, en AZROU. Descargamos las motos y nos fuimos a visitar el "Bosque de Cedros"

Este fue el primer contacto con lo que luego fue algo habitual: el parar las motos y vernos rodeados de gente con unas miradas llenas de humildad e ilusión, que lo único que querían eran vernos de cerca, tocar nuestras motos, verse reflejados en las pantallitas de nuestras cámaras de fotos.... Nos hacían sentir bien, porque en ellos ya no veíamos pobreza o tristeza. Veíamos ilusión y admiración.... que raro me vuelve a parecer ahora que me he desacostumbrado a ello.....

El atardecer nos lo pegamos disfrutando por pistas por el bosque de cedros.....

 

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