9 de abril de 2007, de Glencree River a Glendalough
El segundo día amanecíamos a orillas de Glencree River,
todo un privilegio para dos personas acostumbradas a dormir en una urbe. Silvia
fue la primera en salir de la tienda de campaña, y para su sorpresa, estaban
junto a nosotros varías ovejas de color blanco y muy lanudas. Desayunamos,
recogimos, el dolor en algunas partes del cuerpo nos recordó los 22 Kms. del día
anterior, y salimos rumbo a Old Bridge (el puente viejo), lugar donde
finalizaba la segunda etapa marcada por el libro.

Primero una ligera ascensión a través del bosque de
coniferas, y más tarde otro ligero descenso, hacían prever una etapa larga pero
tranquila. Veríamos una cascada espectacular, Powerscourt Waterfall, de
la que no pude sacar ninguna foto de calidad, y seguímos camino a la ascensión
más alta marcada en la guía, White Hill (la colina blanca).
Paradógicamente, la llamada colina blanca se iba a convertir en uno de
los puntos negros del recorrido, se nos hizo mucho más dura de lo que pensamos
en un principio. Pese al tiempo que habíamos tenido hasta el momento, calmado, a
ratos soleado, otros ratos con nubes, pero siempre con temperatura rondando
entre los 10 y los 20 grados, allí existía un microclima que nada tendría que
ver con lo vivido hasta ahora. La colina estaba coronada por un frente nuboso
que impedía su visualización, conforme nos ibamos acercando el viento era más
fuerte, y las nubes se convertían en agua al atravesarlas. Fue la única vez del
recorrido en que necesitaríamos utilizar las capas impermeables que nos habían
proporcionado Almudena y Fernando. Finalmente, y con alguna que otra parada,
conseguimos coronarla y bajar rápidamente al siguiente bosque de coniferas en
busca de refugio, no sin antes hacer un alto en el camino en el monumento
dedicado a J B Malone, creador del Wicklow Way, ubicado junto a Lough Tay
(lago Tay). Allí haríamos una pequeña parada para comer. De nuevo el clima era
otro, soleado, tranquilo, primaveral, y la gente que nos cruzamos en el camino
nos decía que era un día estupendo para caminar... parecía mentira que hacía tan
solo unos minutos estábamos sumidos en el clima infernal de la colina blanca.

A partir de nuestro almuerzo, el día transcurriría casí sin incidencias, cómodo, rápido... una pequeña parada antes de llegar a Old Bridge, y seguimos. Nos adentramos en un campo, el cual estaba mal indicado y la puerta cerrada con candado (en Irlanda todo el terreno es propiedad privada, pero aquellos terrenos por los que pasa el camino deben facilitar el paso de este), nos pareció muy extraño, ya que en otros campos no habíamos tenido problemas. Seguimos, y pese a que no había llovido nada en los últimos 15 días (algo muy extraño en esta isla) el campo se convirtió en un barrizal y nos llenamos, textualmente, de barro hasta las rodillas. En seguida llegaríamos a Old Brige, era temprano, y estabamos sólo a 10 Kms. de Glendalough, allí, en Glendalough, había un hostel donde podríamos dormir en colchón, pegarnos una buena ducha y cenar y desayunar bien, así que decidimos seguir, empujados por el pensamiento de que una etapa de 10 Kms. no podría ser muy dura.
Estabamos equivocados, después de casí 20 Kms., sin agua (pensabamos encontrar en el camino) y llenos de barro, el camino a Glendalough se hizo interminable, pero acabó. Eran las 7 y media y ya se ponía el sol en las montañas, pero pudimos coger una habitación en el hostel (albergue) y acercarnos al pub del hotel que había junto al hostel, en busca de una buena cena.
El hotel de Glendalough es un hotel de los denominados caros, en medio de un valle con una fuerte historia medieval, no podía ser de otra manera. Pero es también el único lugar del valle donde pueden servirte una cena, así que entramos, con barro hasta las rodillas, y con la mirada atónita del padre de familia de la mesa situada a nuestra izquierda. Más atónica sería su mirada cuando vió que nos pedíamos un consomé de marisco, unos espaguettí, un pollo relleno, 2 pintas de Guinness cada uno, tarta de frutas del bosque y pastel casero de zanahoria y un café expreso. Había que reponer fuerzas...