Tercer dia - The Wicklow Way

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10 de abril de 2007, de Glendalough a Iron Bridge

El tercer día de Wicklow Way empezaría con un full irish breakfast (desayuno completo irlandés) en el hostel. Esto, tras la cena de ayer, sería más que suficiente para reponernos de los 28 Kms. realizados el día anterior, así que después de desayunar y dejar el hostel, nos dimos un paseo por las ruinas medievales de Glendalough. Partiríamos a las 11 de la mañana.

Nada más salir del hostel conocimos a un tipo, Joe, americano de Baltimore, que andaba haciendo el camino completo desde Dublin hasta Clonegal. Nos dijo que estudiaba en Roma, y que también había oido hablar del camino de Santiago. Siguió el camino solo, pero lo veríamos más tarde almorzando.

Ya en el camino nos volvimos a encontrar una familia que ya vimos ayer, era un matrimonio con 3 hijos entre los 7 y los 12 años, más o menos, todos con mochilas, y todos haciendo el camino completo. En el resto del día, esta familia, y Joe, serían las únicas personas que veríamos haciendo el camino. Atrás quedaban los que solo iban hasta Glendalough, o de Glendalough a Dublin, atrás quedaban también los que aprovechaban los domingos o festivos para salir a la montaña a pasar el día. Se puede decir que después de Glendalough, empieza la segunda parte del camino, menos espectacular, pero también, gracias a esto, menos explotada. Es en esta parte donde se crea un vínculo más fuerte entre el caminante y el bosque, kilometros sin encontrarte con nadie pueden dar mucho de sí.

Después de una subida espectacular a través de varias cascadas de agua, atraviesas un bosque muy frondoso, y más tarde un descenso vertiginoso a través del bosque, por una pequeña senda marcada por las piedras, las cuales me jugarían el primer susto del camino. Aunque milagrosamente, pese a que caí, no me sucedió nada. Creo que el susto fue para las piedras, las cuales se debieron apartar al ver caer un elemento de unos 100 kilos cargado con una mochila de otros 15 kilos. En cualquier caso, pudimos seguir sin problemas, y al rato disfrutar de la vista de una cascada espectacular, Carrawaystick Waterfall.

Pese a que Silvia compró algunas barras calóricas de cereales en una tienda de Glendalough, para complementar a las 2 latas de sardinas, una lata de atún, 4 tomates, el pan, y el salchichón que nos trajeron Anais y Ernesto (es todo lo que nos quedaba de comida en esos momentos), nos acercabamos a un pub en el camino, sería el segundo de los cuatro pubs que existen en el Wicklow Way, así que decidimos echar un buen almuerzo para reponer, habríamos recorrido ya unos 12 kilometros, y era una etapa en teoría de descanso. Allí nos echamos unas sopas de champiñones, una hamburguesa de ternera yo, y una lasaña Silvia. Pinta de Guinness y café para reponer fuerzas. También le pedimos que nos hiciera unos sandwiches para llevar, y comer cuando fuese necesario, la señora del pub se mostró amable y nos los puso sin ningún problema. Todavía hoy se me cae la lagrimilla al pensar en aquella hamburguesa de ternera...

La etapa acababa teóricamente allí, pero decidimos andar unos kilometros más, hasta un río que había en el mapa (este parecía un buen lugar para acampar). Después de una prolongada y dura subida a través del bosque, bajaríamos directos al nacimiento del río donde pensabamos acampar. Para nuestra sorpresa, y pese a que esto es Irlanda, el río estaba seco, tan seco como que llevabamos más de medio mes sin lluvias, junto al río una tala de árboles hacía del lugar el sitio menos idóneo para una acampada en la naturaleza, así que sacamos fuerzas de flaqueza, y sin agua decidimos seguir hasta el sitio más cercano en el que pudíesemos encontrar agua y sitio para acampar. Este sitio sería finalmente el final de la siguiente etapa, así nos dabamos una nueva paliza, en una jornada que se presumía tranquila. Llegabamos casí a las 9 de la noche, el sol se había puesto hacía más de media hora, gracias a Dios este río si llevaba agua, pudimos beber y asearnos y descansar (Silvia se encontraba con dolor de tobillos y de rodillas, yo por mi parte, tenía una infección en la ingle, un salpullido en los hombros y los pies me dolían a rabiar).

La compensación de esta experiencia la pondrían dos ciervos que se dejaron ver, pero no fotografiar, en el último bosque que atravesamos, ya junto a Iron Bridge (el puente de hierro) donde acampamos, y más tarde, aunque por el precio de un susto, Silvia cuando fue a llenar las botellas de agua en el río ya echada la noche, se cruzó con un zorrillo, el cual se asustó incluso más que ella y salío corriendo hacia el bosque. A mí no me quedó muy claro el tamaño del susodicho pese a las explicaciones de Silvia, así que nos quedamos sin beber agua esa noche.

Cenamos poca cosa, ya que aún estabamos servidos con la comida, me lavé con cuidado las zonas con salpullido, y nos acostamos, mañana sí que intentaríamos que fuese, por fin, una jornada relajada.

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