Quinto dia - The Wicklow Way

Fotos

Página de Inicio

el creador de la web

12 de abril de 2007, de Muskeagh Hill a Clonegal

El día 12 de abril nos levantamos pensando que todavía nos quedarían 2 jornadas por andar. Nos levantamos en el mismo lugar donde la noche anterior asistíamos al espectáculo gratuito ofrecido en exclusiva para nosotros, por un cuarteto de conejos. Hoy ya no estaban allí, quizás muy temprano para los horarios que ellos acostumbran.

La noche anterior cenamos una improvisada ensalada de atún con tomate, y hoy desayunamos media rebanada de pan con mermelada (que cogimos del hostel) para cada uno. Sinceramente, comenzaba a sentir hambre, y el saber que llevabamos un salchichón de Aragón en la mochila creaba en mi un deseo irremediable.

Tras un par de horas de camino, a las 11 de la mañana llegabamos a the Dying Cow, el pub en el que pensabamos desayunar hasta saciarnos, hasta ayer a mediodia cuando leímos que no servían comidas. El pub era una casa de campo, con 3 mesas al exterior, y una mujer bastante mayor pintando una de ellas. Era muy temprano para que hubiese un solo cliente. Le dimos los buenos días, y le dijimos que tomaríamos un té y un café con leche, a poder ser con algo de comer... Tal y como indicaba la guía, nos dijo la señora que solamente servían bebidas, frías y calientes, pero nada de comer... Así que pusímos cara de sorpresa, y le preguntamos si sería posible comer algo, aunque fuese bolsas de patatas fritas o similar, ya que no nos quedaba mucha comida. La buena señora nos dijo que solo podía darnos unos sandwiches de queso aparte de las bolsas de patatas fritas. Tenía muy buena voluntad, y le dimos por ello un millón de gracias, porque gracias a esto nos hacía ser optimistas, y cubrir bien comidos todo el trayecto del Wicklow Way. El pub es bajo mi punto de vista, uno de los lugares más entrañables de todo el camino. Se respiraba el paso de la historia entre aquellas cuatro paredes. Fotos que hacían referencia a antiguos clientes, un cartel que decía the dying cow, pese a que el nombre oficial del pub es otro, los baños, tal y como sucede en los westerns, debías salir del pub y entrar en otra caseta añadida, en la cual la puerta no acababa de encajar correctamente, las paredes eran de piedra y el techo de madera. Pese a que tomamos un té, un café con leche, 2 bolsas de patatas fritas, 2 pintas de Guinness, 2 bolsas de cacahuetes, y nos hizo 2 sandwiches de queso para llevar, nos cobró únicamente 11'50€, un precio totalmente increible en una Irlanda camino de convertirse en el país más caro de Europa.

Ahora sí, con la sensación de estar comenzando a conocer la Irlanda más profunda, y no la cara turística que todos conocemos, seguimos paso firme a Clonegal, si si, este era el destino para el día de hoy. Nos encontrabamos con fuerzas, sabíamos que estabamos cerca, si llegabamos hoy allí serían 31 Kms., sería la etapa más larga del camino, pero también la última, y no existían grandes montes que atravesar, por lo que se presumía más asequible que las anteriores.

Las últimas 2 horas de etapa fueron eternas, comenzaban a salirme ampollas en los pies, cada paso que daba sentía un pinchazo en la planta de los píes, pero no podíamos quedarnos a dormir allí, a 2 horas del destino final, así que seguimos, y llegamos, y lo celebramos, y lo fotografiamos. Estabamos contentos, y preguntamos donde dormir, nos dijeron que allí, en Clonegal no había nada, ni B&B, ni hostel, ni naa... nos hablaban de que a 3 o 4 millas había un pueblo que... (eso eran más de 5 Kms. que mis pies no iban a poder soportar). Así que le comenté a Silvia, primero celebraremos que hemos llegado a nuestro destino con una Guinness, luego ya pensaremos que hacer... Y esa Guinness, más que nunca, nos dio fuerzas. En el pub del pueblo, los lugareños comenzaron a preguntar de todo, y yo también, les dije que necesitabamos encontrar un sitio donde dormir, y ¡que bien hice! Llamaron por teléfono a un B&B de un pueblo cercano, el señor del bed and breakfast nos vino a buscar con su furgoneta, nos echó la última foto, y nos llevó a su casa. Allí dormimos, y descansamos, y desayunamos, y descansamos de nuevo. Y fue al día siguiente cuando empezamos a plantearnos cómo volver a Dublin, así que la señora del tipo que nos fue a buscar la noche anterior, nos llevó en su Mercedes a un pueblo cercano donde pasan autobuses camino de Dublin. Todo ello por 35€ cada uno, no nos cobraron nada ni por traernos, ni por llevarnos... solo el precio de la noche en su B&B.

Con este grato recuerdo de aquella familia que saben lo que es llevar un negocio dedicado a la hostelería, se culmina un recuerdo más amplio y todavía más grato de una semana fantástica en medio de las montañas de Wicklow, en Irlanda, en la cual se puede confirmar lo que se dice de sus gentes acogedoras, lo que se dice de sus paisajes verdes y lo que se dice de su brebaje mágico llamado Guinness!

1er dia

2º dia

3er dia

4º dia

5º dia